* cocktail

Habíamos construido un enorme mosaico de imbéciles de todos los colores: poetas, escritores, cineastas, representantes, diseñadores, niños ricos, chicas bien, músicos, actores, actrices, modelos, fotógrafos, y una jauría de parásitos que pululaban a nuestro alrededor moviendo sus colas de placer; pasen y vean, el zoológico está abierto, diviértanse. Nos sentíamos bien pensando que teníamos un valor social, que éramos necesarios para mantener el equilibrio; bueno, en realidad teníamos que pensar así para no rajarnos la cabeza de un tiro. Me puse a beber como un cosaco y a mirar sin disimulo los escotes rebalsantes de las adolescentes que correteaban por el salón en busca de  fama. Choqué con una escuálida que no superaba los veinte años, me tiré todo el whisky sobre la camisa, la pobre se avergonzó, me agarró de la mano y me llevó hasta la cocina, me frotó inútilmente con un trapo que encontró sobre una bandeja de sushi, después como si nada me bajó la bragueta y empezó a chupármela, me miraba directo a los ojos, cuando acabé se limpió la boca con el mismo trapo y me dijo que me admiraba y que había leído mis libros. Sonreí, yo no tenía nada publicado.

Me dejé caer sobre un sofá. A mi lado un par de periodistas entrevistaban a un jóven actor que hablaba de su carrera repitiendo lugares comunes y vacíos. Era obvio que la charla estúpida y banal que sostenían con asquerosa pretensión sería olvidada por todos en el instante mismo que finalizara. Nada se dijo, sólo se habló. Escuchar a ese fantoche que se creía Brando responder esas preguntas me causaba gracia. Decía que veía su carrera como una escalera, y que cada peldaño era una lección que aprendía y no olvidaba, a base de esfuerzo, que lo hacía mejor persona, y que con el tiempo iba a llegar al final de esa escalera con la experiencia de haber transitado un valioso camino y bla bla bla. Me dio pena. Me serví vino y les ofrecí lo que quedaba de la botella al actorcito y los periodistas. Siguieron con su parloteo y yo me perdí en mis pensamientos. Cada tanto soltaba una risotada desubicada y sonora. El pequeño Brando ahora hablaba de su infancia y de lo duro que había sido crecer. Ja. Es difícil elegir una profesión como esta. Ja. No podría hacer otra cosa en mi vida salvo actuar. Ja. Traigan a los guardias, los animales están intoxicados y se la pasan vomitando mierda.

La cronista llevaba minifalda negra y musculosa verde, era bastante alta, por su acento parecía colombiana o venezolana, y era claro que se estaba aburriendo. Bueno, dije, tal vez no todo esté perdido, así que empecé a hacerle gestos obscenos. Se levantó y se fue. Me serví más vino. Nadie sube dos veces la misma escalera, podría afirmar algún griego, borracho como yo, pero más sabio. Ja. Junto a la puerta de entrada estaba parada mi ex, tomada de la mano de un alfeñique de cincuenta kilos como mucho. Escaleras. Sonreí. La mía no es provechosa, ni gratificante, ni esperanzadora, ni aleccionadora, ni nada de lo que se cuenta por ahí: el joven y promisorio artista no mira hacia arriba, sino que comienza a bajar, a descender, más bien a hundirse, mejor, a caer de bruces, sobre escalones de cera. Me levanté y enfilé hacia el pasillo. Señores, este león está muerto, dijo el veterinario. Abrí la puerta y ahí estaba la cronista. Le hice el chiste del griego borracho y la escalera, pero no lo entendió. Como si nada, siguió escribiendo en su cuaderno y me escrutó un par de veces con la mirada. Es tonta, pensé. Volví al sofá. Pequeño Brando tomaba champagne y lamía la oreja de una morocha que parecía mi prima. Un mozo pasó y dejó sobre la mesa baja donde yo tenía apoyados los pies una bandeja de sushi. Desde el otro lado del salón la escuálida me saludó con la mano. Sonreí.

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Nota: Este texto es resultado de un experimento originado por Micromios y Camaché, excelentes autores ambos, que luego de algunas charlas e intercambios de comentarios se hizo extensivo (y lo sigue siendo) a todos aquellos que deseen recoger el guante. La idea es tomar un tema y recrearlo cada uno a su manera y con su propio estilo; particularmente este me salió un poco ácido y crudo, pero bien vale el ejercicio. Recomiendo que visiten los blogs mencionados (y los de G. y Chrieselis, que también se sumaron a la propuesta) para disfrutar de sus textos.  Buena suerte y más que suerte!

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* clorofila

Hola Señor Thompson!