* música satánica

Vos sos música satánica

al derecho y  al revés (te doy vuelta y te recorro)

al compás de todo infierno

vos sos música satánica

la que te obliga a morder (vos me obligás)

a masticar el cigarro

un puente con lo inefable

la puteada por lo bajo

agarradita del pelo

tan obscena y tan prohibida

tan de todos y de nadie

(con las patitas al viento)

como una soga cualquiera

apretando muchos cuellos

como culos de botella

bien alto en la medianera

vos sos música satánica

como fragua que da miedo

y absurda fascinación.

Y entonces después caer

babeando, rodar, perder

arrojarse por el caño

(de metal del hidrobronz)

que dice:

no me mires cuando caigo

porque sigo siendo mentira

y ya no encuentro el piolín.

Anuncios

* patas largas

Soy un mentiroso profesional y muy entusiasta. He desarrollado una habilidad extrema para el engaño. Lejos de ser una actividad miserable y cuestionable, la práctica y explotación de esta destreza me ha convertido en un hombre feliz y me ha beneficiado en múltiples oportunidades y en diversas áreas de interés. Si usted es una persona con un sentido de la observación medianamente desarrollado, y además cuenta con una capacidad de análisis que alcance mínimamente los cánones de normalidad, entonces podrá darse cuenta, como hice yo, de que la masa uniforme que lo rodea no espera que usted le diga la verdad, sino todo lo contrario. Pruebe y verá. La verificación de la realidad se rige por falacias y no por verdades como todos se empeñan en creer, tratando de defender el mandamiento más difícil de cumplir, después del temita con la mujer del prójimo, claro.

El pedido ya salió, estoy llegando, no te va a doler, te queda divino, quedate tranquilo, mañana te lo devuelvo, yo también te quiero, me encanta lo que hacés, tu hijo es hermoso, me alegro por vos, son cinco minutos nada más, que bueno que llamaste, que no se corte, no estás gorda, opino igual que vos, seguí chupando que yo te aviso, no lo hago más, me encantaría pero no puedo, yo no lo voté, te estoy haciendo precio, lo mío es una envidia sana, un gusto verte, es todo casero, te juro que es la última vez, esto no engorda, contá conmigo para lo que sea, gracias, jamás te cagué, a mí me pasó lo mismo, creo fervientemente, no te quiero lastimar, perdón. ¿Y, qué me dice ahora? Si bien fueron ejemplos burdos y superficiales, alcanzan para ilustrar mi punto anterior; el embuste nos confirma, mediante el trabajo sobre los opuestos, la real situación, porque no estamos preparados para interpretarla ni aceptarla con su verdadero rostro. De esta manera lo importante es la mentira o engaño que oculta y revela al mismo tiempo. Si no me cree trate de ejercitarse trasladando este mecanismo a situaciones, hechos o relaciones más relevantes y de magnitud más filosa o perturbante, se dará cuenta que funciona de la misma manera. Eso sí, no agite mucho el avispero ni diga que fui yo quien lo anotició.

La práctica falsaria, adoptada y perfeccionada a través de la constancia, indefectiblemente le proporcionará dulces y jugosos frutos. Cuando alguien pide que le digan la verdad, está rogando por escuchar la mentira que lo habilite a seguir creyendo que el mundo sigue donde lo había dejado la última vez. Todos quieren escuchar lo que quieren escuchar y no lo que usted tenga para decir; con las palabras adecuadas en el momento justo, pueden conseguirse maravillosos resultados. Comparto con usted el secreto de la profesión, porque seré mentiroso pero no egoísta. No me dé las gracias, no hace falta, solamente deje que le mienta un poco para practicar: He querido a todas las mujeres que estuvieron conmigo, y a todas las deseé hasta el final; nunca hice trampa en la baraja ni me quedé con un vuelto; no siento miedo a quedarme solo; no traicionaría jamás mis valores; el dinero no tiene importancia para mí; no le tengo miedo a la muerte porque es ineludible; cada vez que miro hacia atrás y hago un balance de mi vida sonrío pleno y agradecido; bebo siempre en la justa medida y soy enemigo de las drogas y la automedicación.