* justa y placentera

me anda fallando la confianza

como cuando me mandás a prender el calefón

y dudo y me paralizo y no quiero saber nada

me escapo sin hacer ruido

bajo a la calle y camino

le meto pata en zigzag

y en cada baldosa que piso

se me aparecen las mismas cosas

las mismas caras, los mismos pies

la misma falla de termostato

la misma frente que apunta al piso

será que todos salimos huyendo

de los hogares

de los trabajos

de la responsabilidad

de tener que mantener

de manera constante

o no (¿quién sabe?)

la temperatura justa y placentera

para que algún otro

(pero otro cercano, otro que esté ahí)

se quede piola

sabiendo que vigilamos

y regulamos con obsesión

el parco funcionamiento

de ese artefacto del diablo

como si fuera un preciso

instrumento de medición

¡de suiza para el mundo!

¡de la góndola a su mesa!

para que puedan al fin, esos otros

de una putísima vez

dejar ir por el desagüe

cansancio, mugre y preocupación.

* las cajas

Tengo que salir de aquí. Esta caja es demasiado chica y asfixiante. Hay muy poco espacio y apenas puedo moverme. Se siente estrecha e incomoda, no me calza. Me estoy hinchando demasiado. Demasiada angustia, y no tengo ni una maldita idea de como escabullirme. Podría relajarme y hacer como si nada, fingir que me siento a gusto aquí dentro, y tal vez de ese modo me dejarían en paz, y con suerte algún día me dejen salir. No, no es una opción. He pasado mucho tiempo encerrado en esta penumbra, estoy cansado de estos límites, estoy creciendo muy rápido y este espacio no es suficiente. Tengo que moverme, sacudir estas paredes y hacer tambalear esta línea de montaje; puedo hacerlo, debo hacerlo. Si alguno de mis vecinos se decidiera a acompañarme y comenzara a saltar, a moverse y a golpear estas malditas paredes para escapar conmigo, iniciaríamos la revolución de las cajas. Nos libraríamos de estos atuendos rústicos y pesados de una vez, nos hermanaríamos en un solo deseo y correríamos furiosos quebrando candados y cerraduras.