* búfalos

Pienso en búfalos. No sé si los soñé o si dormí con ellos. La diferencia es deseo o materialización. La incertidumbre es horrorosa y catártica a la vez, me desprendo con fervor de la realidad y me desencuentro a propósito, corriendo entre la manada soñada o fornicada (no logró dilucidar si satisfice mis ansias). ¿Delira usted siempre de la misma manera? Sólo los miércoles por la noche, los demás días los dedico a meditar profundamente sobre la imposibilidad social de mostrarse como monstruos reales y sobre cómo generar diversas proyecciones de sí mismo para conformar un pobre ego retorcido de inacabable voracidad. Simpático pero agotador, y sin fines de lucro, claro. No hay incesto entre búfalos. No hay reproches. No hay traición. Corro entre mis padres y mis hermanos, oigo los cascos y los bufidos, se me hincha el cuello por el esfuerzo y no me detengo, soy un animal de olor pestilente y más de quinientos kilos, más de mil, lanzado en velocidad hacia la orilla de un río angosto, verdoso, infecto y de maliciosa profundidad. (¿Habré fornicado con búfalos o soñado con ellos?)

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