* king kong

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Podría detenerme a pensar. Podría ser un hombre preocupado. Hundir la cabeza en las baldosas, en los zapatos grises, en todas las cosas que quise y no pude. Podría.

Podría también esconderme. Huir. Porque detenerse a pensar provoca vértigo. Un vértigo espantoso que te descoloca, no hacemos pie si nos buscamos a nosotros mismos. Podría hacerme pasar por otra persona. Podría ser un animal. Podría convertirme en mito, inventarme de nuevo, construirme desde cero, elegir con cuidado cada uno de mis componentes y características. Podría ser un búfalo.

Podría conformarme y no hacer nada. No querer nada. No desear, no compartir, no producir. Podría ser una sombra sin más anhelos que transitar sin problemas estos minutos infames. Podría dejarme ir. Y no volver.

Me detengo, me escondo, me convierto. Hoy soy ese otro que podría hacer todo pero elige estar acá, manifestarse, saberse un ente absoluto con tendencia a la duda, un cuerpo volátil que prescinde del miedo y juega con naturalidad inocente a volverse un trazo en la historia, a ser un punto ahora fijo, ahora en fuga. Montado en alas tenues recorro mi tiempo, adivino quién fui y por qué ya no soy, por qué mi abrazo es enorme e invasivo, por qué todas las mañanas me despierto del mismo sueño.

Podría ser un kraken, un barco a la deriva, un mar embravecido. Podría ser un rayo, un sol demoledor, un Ícaro derretido. Podría ser el amante olvidado, el recuerdo que se llora todas las noches; un relámpago, un manojo de plumas, unas manos livianas, unos ojos vacíos. Podría querer comerme a mí mismo y a todas mis caras repetidas en todas las paredes de todos los departamentos de todos los pisos de todos los edificios de todas las calles de todos los barrios en los que alguna vez me vieron o dicen que me vieron.

También podría ser mentira. Podría no existir. Podría ser simplemente fruto de una imaginación colectiva. Un espejismo, una ilusión. Podría ser un pájaro mortal, un bólido celeste, una flecha invisible en vuelo codicioso que observa con la vista negra todo lo que sucede doscientos metros más abajo, una figura posesiva que elige a su presa, que la doblega y la domina; un usurpador de cuerpos dormidos que no saben pensarse fuera de sí mismos.

Podría ser tu King Kong, tu salvador, tu placebo de las tres de la mañana, tus ganas de abandonar. El llanto en el baño, un cuadro mal iluminado, un negocio fraudulento, una sábana agujereada. Podría bajar la voz, retirarme poco a poco y, con aceitada malicia, hacerte creer que nada de todo esto está sucediendo.

 ***

* Este texto está inspirado en pinturas de Sergio Chiocca-Kaufer (imagen). La muestra de la serie “Azul Antropopájaros” se encuentra actualmente en Mendel Libros, Paraguay 5163, CABA. 

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