* disertaciones de un jabalí: la noche enferma

Corren furiosos los dálmatas por la noche enferma sin que nadie pueda detenerlos. No son jauría, ni polizones, ni pervertidos, ni trashumantes, sino simplemente perros corriendo libres por la noche enferma. Las horas tristes, el tiempo triste, el frío triste, la canción malvada. El universo que conocimos por poco tiempo antes de cometer los crímenes del lodo. Momento cumbre entre ladridos, entre huellas deformes y borroneadas, espanto de muchos, fin de una era; tinta volcada por los surcos de un campo ayer virgen y hoy mancillado por miles de preguntas.  Y los cerdos. Los cerdos chanchos, inmundos, puercos y cochinos; nosotros los cerdos, temerosos de la noche enferma y del campo virgen, desilusiones de cuatro patas y ojos redondos, plateados, vacíos, los cerdos que olemos lo mejor posible pero seguimos apestando, los cerdos, yo cerdo, tú cerdo, ellos cerdos, nosotros los cerdos, que ni siquiera podemos correr furiosos por la noche enferma sin que nadie pueda detenernos. Y ya no hay rayos, no hay refucilos, no hay redenciones; nos queda el alba y la tonta esperanza de que no llueva, ni escarche, ni asome el rojo, ni el verde, ni el azul, ni el naranja, ni el petróleo. Los cerdos empetrolados que no corren, que sólo jadean y se miran unos a otros reflejándose en más ojos redondos, plateados, vacíos. Descansa la miel, reposa la verdad, mientras todo es el reflujo de un ideal acabado y muerto: terraplenes de piedra, polvo, tierra y libre albedrío, solitarios transeúntes que creen en martes, miércoles y jueves, caravanas de camiones poblados de desperdicios que recorren calles, pasajes y pasadizos, ad eternum, y en el constante llevar y traer taladran los adoquines de viejas instituciones prontas a caer. Corren furiosos los dálmatas por la noche enferma sin que nadie pueda detenerlos. No son llagas ni pordioseros, ni profecías ni leprosarios, sino simplemente perros corriendo libres por la noche enferma. Y los cerdos lloramos como perdidos. Como postrados. Los cerdos creemos en que la miel es la verdad y libamos enceguecidos las flores plantadas una por una con inquina por el enemigo eterno, el hombre libertario, el proxeneta, el corruptor, el de a caballo, el distractor; el hombre puro que no tiene manchas ni va a tenerlas, ni quiere tenerlas, el protector que no dobla la espalda porque para eso están los domesticados. Caminan, se miran, se mueren, los cerdos. Transforman las aguas, piden la palabra, los cerdos. Persiguen demonios, encienden hogueras, los cerdos. Los cerdos que mueren y no hablan y no miran, mientras corren furiosos los dálmatas por la noche enferma sin que nadie pueda detenerlos.

7 Respuestas a “* disertaciones de un jabalí: la noche enferma

    • Culpa, responsabilidad, quién sabe… de lo demás no se podría agregar mucho sin identificar si estamos corriendo sin que nadie nos detenga o si estamos muriendo mirándonos a los ojos vacíos. Triste el destino del libador indefenso. Gracias por leer! Buena suerte y más que suerte!

  1. Aquí apenas llueve. Los cerdos no tienen bastante fango para embrutecerse robado por los hombres que a cambio les dan polen en lata.
    Un montón de imágenes tristes mirando al suelo, ¿dónde está el cielo?
    Salut

    • Carme, gracias por comentar sobre este texto en apariencia tan críptico. Me quedó picando la pregunta, “dónde está el cielo?, muy interesante para seguir adelante con estos pensamientos porcinos…tal vez todo sea una cuestión de perspectiva.🙂 Buena suerte y más que suerte!

  2. Cuántas imágenes. Condenados cerdos que, embadurnados en petróleo, transforman aguas. Es apocalíptico. Dan ganas de salir corriendo, la verdad. Plantar flores con inquina, por favor. No sé por qué el hombre puro no puede tener manchas. Los cerdos tendrían que poder ensuciarlo, enmerdarlo, hacerlo caer al barro y devorarlo. Es preciso y urgente que sea masticado. Tal vez esté allí la cura para la noche enferma.

    Es poesía en prosa con estética de cortometraje, de videoclip, de psicofango. Es vértigo concentrado como eyaculación de carnero, discurrir de pensamientos con etiqueta negra, bronca aullada en el vacío. Son pústulas encarnadas en bestias ignorantes que no merecen el alba que desean. Seguramente va a llover.

    Un hermoso regreso. Esperamos más.

    • Es verdad, muchas imágenes pueblan el relato. Fue escrito en modo automático, así que tanto la carrera de los dálmatas como las miradas perdidas de los cerdos deben funcionar como acelerador y freno de la misma mente del narrador. (?) Me gustó la idea de cortometraje, voy a tentar a jóvenes talentosos para que se ocupen, jajaja… Vamos a ver qué depara este regreso espontáneo. Salú!

  3. Pingback: Bitacoras.com

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s