* disertaciones de un jabalí: tres

Si la idea es trascender, la opción más fácil e inmediata es tener un hijo. No es la más efectiva, de hecho es una trascendencia escueta y casi insignificante. De todos modos supongamos que la felicidad es real. Pero ahí radica la tortura, en creer que la progenia eterniza la felicidad. En creer con ciega fe, con rotundo convencimiento que toda la maldad se desintegra en el instante mismo que nos entregamos a la trascendencia. Elevamos nuestra sonrisa al cielo alardeando victoria, cuando la mayoría de las veces la realidad nos encuentra agitando un trapo blanco. Se nivela para abajo, se populariza la felicidad, se evita sistemáticamente revolver las diferencias y, finalmente, todos podemos plantar un árbol, escribir un libro, tener un hijo. A esos tres tontos preceptos nos han reducido la idea de felicidad y de completitud; con esas tres mentiras se alimenta nuestra tranquilidad, con reducciones tan idiotas se aplacan la angustia, la tristeza y la soledad de no tener un sentido propio, de no significar, de ser un ente finito y mortal. Así es como estamos infectados de árboles resecos y torcidos, de páginas y más páginas que rebalsan mediocridad, de primogénitos idiotas y egoístas que repetirán uno tras otro los pasos en falso para alcanzar su bienestar y la gloria eterna. Y más árboles, y más libros. Y etcétera. Y punto.

Sentate en tu patio placentero, bajo tu arbolito, y decime de qué te cubren sus ramas, contame qué tan sabroso es su fruto, fíjate qué tan profundas son sus raíces. Mirá a tu hijo a los ojos y enorgullecete de haberle pasado la antorcha, ahora es tu héroe, el que va a cumplir con todo lo que vos no pudiste hacer. Bueno, a lo mejor exagero. Yo no sé cómo es tu vida. Seguramente sos muy feliz y yo no tengo ninguna certeza sobre nada, no puedo responder a tus dudas. Hagamos algo, no leas más, encerrate en el baño, desnudate, prendete un pucho, mirate la cara en el espejo y hacete un par de preguntas. Después contame. Chau.

13 Respuestas a “* disertaciones de un jabalí: tres

  1. Yo no sé cómo es tu vida y tu no sabes cómo es la mia, pero cuando escribimos nos delatamos y cuando cuestionas al lector con tus propias preguntas extiendes tus respuestas más allá de los comentarios.
    Suerte.

    • Exactamente Ana María, esa extensión (a veces más voluntaria, a veces no tanto, pero siempre presente) es a mi entender el motor que nos hace seguir escribiendo. De otra manera yo no le encontraría sentido. Muchas gracias por la visita!

  2. Hijos, libros, árboles… Nada nos puede dar certeza ni de trascendencia ni de nada. A los árboles los poda y los mata el GCBA, hay turras que abandonan bebés todo el tiempo, leemos un libro bueno porque lo encontramos como una gema en medio de un plastrón de bosta. No, el tema tiene que ser hacia adentro de uno. Si es que existe la felicidad, debe de estar ahí.
    Te lo digo yo, que no estoy seguro absolutamente de nada y desde el andén veo con resignación cómo se me van uno tras otro los trenes.
    Abrazo!

    • Es bien cierto que la búsqueda es hacia adentro, Blopas, muy muy cierto. Tal vez en algunas otras interpretaciones que se hicieron del texto se pifió en el foco y no se comprendió del todo el espíritu metafórico, pero la cuestión es simplemente esa: esa “felicidad” no está en ninguna de esas tres cosas, y no va a estar en ningún otro lado que se pueda denominar común para todos. En tu caso, a lo mejor, la felicidad sea cazar un tren de madrugada y hacerle un corte de manga al sotreta del guarda diciéndole: “”viste que subí?”. Un abrazo!

  3. mh, quién dijo que la felicidad existe? arranquemos por ahí. son ratos, y cuando uno los toca, está bueno. el resto, es remar y remar. ma haría feliz publicar un libro y me angustio cuando escribo más de una vez, me hace feliz mi hijo y también me saca canas verdes, no tengo árboles pero me gustan. y leerte, por supuesto, es un rato de felicidad.

    • Voy a empezar por el final, estimada Catartik, y confieso que se me llena el culo de preguntas cuando leo que leerme pueda llegar a ser un rato de felicidad para alguien (de verdad me desconcierta un poco, pero a la vez me llena de vanidoso orgullo). A mí también me gustan los árboles, y cuando era chico planté uno (no me preguntes qué era) en el jardín de mi abuela; el tiempo pasó, el arbol creció un poco, y antes de hacerse adulto, murió, con lo cual el sabor es algo así como de una felicidad marchita (si creyera en algo así). Y llego entonces a los hijos, el punto álgido y creo que más polémico del texto (porque seamos sinceros, si sólo hubiera nombrado árboles y libros, tendría muchos más fans y no fanáticos fundamentalistas que me miran de reojo); me interesa mucho escuchar las opiniones al respecto para enriquecer mi propia mirada, quien se tome algo de este texto como una máxima vital pifia bastante en encontrar mi intención a la hora de escribirlo, la cual no voy a revelar jamás!- inserte aquí risa maléfica – . A mí también me encantaría publicar un libro, pero después de ese querría otro, y otro, y otro, hasta que se me niegue, y me convertiría en un infeliz… oh, desconcierto… en fin, vayamos hacia el principio, que es el final: deduzco entre tantos comentarios (mentira, pocos) que la felicidad existe y que son ratos, la mejor definición sería “la felicidad es remar y remar con el objetivo de que no se te hunda el bote”… o la más pagana: “cuando el carro anda, los melones se acomodan”. Salú! Gracias por pasar, por leer, por comentar y por todo lo demás. Buena suerte y más que suerte!

  4. Quien sigue los convencionalismos, se queda definitivamente atrapado en ellos. Hay quienes los cuestionan con precisión, otros que apenas les toman atención y otros que ni siquiera los sacan a colación un domingo, en el almuerzo familiar. De árboles, libros e hijos está lleno el mundo. A veces, quisiera que fuera de más árboles y más libros que de hijos.
    Un abrazo

    • Chrieseli, me maravilla tu comentario, sobre todo por la reflexión y la opinión personal. De los tres grupos, me gustaría ser de los primeros, pero no estoy seguro de tener tanta precisión. Yo no sé de qué quisiera que esté más lleno todo esto (libros, árboles, hijos), pero si sé que no es bueno si funciona como un sonajero de angustia. Saludos!

  5. “Seguramente sos muy feliz y yo no tengo ninguna certeza sobre nada, no puedo responder a tus dudas”. Encontrar la felicidad teniendo un hijo es igual a alcanzarla de otra manera Mx. Tus certezas son tan profundas como las mías seguramente y mis dudas quedarán sin responder y mejor así; una vida sin dudas no es lo que deseo, suena aburrido.
    Post crudo, me cacheteó lindo, reconozco.
    Abrazo.

    • Absolutamente de acuerdo con lo aburrido de la seguridad y la perfección, por otro lado no era mi intención cachetear a nadie (bueno,a veces sí). Gracias por leer, Gaturra, buena suerte y más que suerte!

  6. Pingback: Bitacoras.com

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