* barrotes

Resultó ser que todas mis conjeturas fueron erróneas, y la elegante y hermosa mujer que me había perturbado durante toda la noche no era la gran señora madre respetable e impoluta que yo había pensado, sino que, por suerte, era la puta más asquerosa, desafiante y perversa que me había cruzado en toda mi vida. Se sacó los zapatos, me dio la espalda y se puso en puntas de pie contra la pared. Tenía unos tobillos perfectos. Se levantó la pollera hasta la cintura, apoyó las manos contra la pared fría y rugosa; arqueó un poco el cuerpo y me arrimó el culo desnudo y carnoso. Tuyo, me dijo. No me lo tuvo que repetir. Me la cogí con rabia, con desprecio, sabiendo que si le mostraba algo de ternura nuestra burbuja reventaría al instante convirtiéndose en una mancha acuosa y mugrienta. La bombita del pasillo del quinto nos pintaba la piel de amarillo pálido. Mirá que todavía vivo con mamá, me avisó. Yegua. Las tetas se le movían arriba y abajo rozando la pared y pensé que si me la seguía cojiendo un rato más se iba a poner a gritar como una loca. Mientras se la metía y se la sacaba, se me venía a la mente la imagen de la vieja espiándonos por el visor de la puerta del 5ºC. Vieja perversa. El ascensor arrancó de golpe, el ruido de las poleas nos sobresaltó pero ninguno de los dos amagó con abandonar la faena. No podía parar de entrarle, y no hubiera parado aunque me lo hubiera pedido. Siempre me gustó agarrar maduritas. Las pendejas siempre te traen problemas, tienen voces finitas e insoportables como chirridos de tenedores, y además no saben qué hacer cuando tienen una pija adentro. Se tiran en la cama como un bofe y se piensan que te están haciendo un favor, y los favores yo los voy a pedir a la iglesia. Las veteranas son otra cosa, no tienen aires de diva ni pruritos a la hora de los bifes, quieren cojer y punto. Y ahí aparezco yo, sin falsas promesas ni tontos reproches, sin llamadas a deshoras, sin llantos de despedida; porque, digamos la verdad, llega un momento en nuestras pobres vidas en que los bailecitos de cortejo y la labia sistemática se vuelven tareas inútiles y obsoletas, hay que correr, hay que aguantar, hay que zafar de los segunderos que te pinchan el culo y te avisan que la cuerda se está acabando, hay que aprovechar. Dale que baja gente, susurró entre gemidos contenidos. La cabeza me explotaba, el sonido de los cables rozando las paredes del hueco del ascensor me dolió en los dientes y se transformó en una visión atroz, cadenas enormes y pesadas se enredaban en mis piernas y me arrastraban en un descenso sin escalas hacia el infierno de los viles, de los crueles, de los cafishios, de los chongos, de los ventajeros, de los cojeviejas, de los hijos de puta, ese infierno horroroso infectado de buitres carroñeros. El ascensor dibujó sobre la pared cuatro barrotes blancos, se la enterré hasta el fondo y acabamos los dos a la vez mordiéndonos los labios. Me prendí un pucho y suspiré, nos quedamos en silencio mirándonos como extraños; se bajó la pollera despacio, se puso los zapatos, se acomodó las tetas adentro de la camisa y me besó. Por debajo de la puerta del 5º C comenzó a escaparse un hilito de luz matinal. Me voy. No, vení, quedate a desayunar. No hagamos ruido, los chicos duermen. Entramos. El café con leche de esa mañana tenía tanto sabor a derrota que aún hoy no me lo puedo enjuagar.

 

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18 Respuestas a “* barrotes

  1. Muy buen texto. Me gusta el ritmo, cómo metes los dialogos, los pensamientos y la narración en un sólo bloque. Aprendo.
    La palabra derrota y barrote se parecen, es extraño, lo lei dos veces rastreando el título y ahora noto esto. Antes estaba perdida en ese punto pero ahora, aunque sigo perdida con los barrotes, me alegra encontrar una curiosa simetria con las derrotas.
    Suerte.

    • Ana María, lectores tan ávidos y observadores como vos son los que le dan más fuerza a este blog y a las cosas que escribo. Como hablábamos en comentarios anteriores, la gran extensión de preguntas y respuestas que nace en cada texto es algo maravilloso. Y no está mal perderse, porque eso nos obliga a recalcular la trayectoria. Buena suerte y más que suerte!

  2. Aunque la luz amarillenta de la bombilla se empeña en darle un baño de color a mi me parece una escena en blanco y negro en la que el único brillo es el sudor, sin música, solo un apagado ruido de cables.
    Buen relato
    Salut

    • Micromios, tu descripción es tal cual la imaginé, después fui agregando algunos detallitos, pero la escena de film noir fue el puntapié inicial. Buena suerte y más que suerte!

  3. coincido con Concha! esos detalles, los ingredientes en su medida. no es u nrelato violento si bien tiene cierta crudeza. y un final tristón. no lo habpia leido, me gusta mucho. abrazo!

    • Se agradece, Catartik. Con respecto a la violencia, en general se encuentra más en las ideas que en las acciones. Reconozco que hay mucha gente susceptible a la superficie de los relatos, y en realidad es mejor, porque si ahondaran un poco se horrorizarían aún más. Buena suerte y más que suerte!

  4. Wow, siempre el adjetivo justo, la violencia justa, la desazón y la tristeza en su grado perfecto para no caer en clichés agotados y fingidos. Me gusta este análisis descarnado del tipo que se coje a una cualquiera, en el sentido de que pudo ser aquella o cualquier otra, y en la calentura de la faena se da el tiempo de darle una vuelta de tuerca a los hechos, al decorado, al paisaje y a la vida misma. Reflexiones que no se escuchan entre los suspiros entrecortados ni los bufidos calientes de los amantes de elevadores.
    Un gusto leerte. Un abrazo

    • Chrieseli, el gusto de leerte es mío. Todos sabemos que nos nutren los comentarios, y los tuyos siempre son constructivos, lo cual agradezco. Sé que algunas historias pueden tornarse descarnadas o crudas, pero me gusta saber que algunos lectores van más allá de la superficie. Gracias por leer! Buena suerte y más que suerte!

    • Gracias por la apreciación, Concha, construir ese tipo de imágenes es una de las cosas que más disfruto a la hora de escribir una historia. Buena suerte y más que suerte!

  5. Que bueno, “el sonido de los cables rozando las paredes del hueco del ascensor me dolió en los dientes…(y todo lo que sigue)” esa sensación tan terrible de caer en la realidad, enfrentarse con uno mismo y sus demonios. Encuentro en este texto un tema que distrae, pero al leerlo por segunda vez, ví el dolor.
    Geniales imagenes, como siempre.
    Abrazo

  6. A esta hora, después de una noche de guardia, leer esto fue desear ese ascensor y la luz amarilla. Disculpe Max, sin dormir y vulnerable, digo la verdad.

    • Y sí, Gaturra, la falta de sueño libera barreras. De hecho este texto fue terminado a altas horas, y de a poco se fue oscureciendo hacia el final. Buena suerte y más que suerte!

  7. Pingback: Bitacoras.com

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