* marito

Marito tiene cáncer. Se encuentra en un estadio avanzado y los médicos no le saben decir cuánto le queda; su condición se volvió crítica y comenzó a deteriorarse a la velocidad de una fruta podrida. De todas maneras goza de buen humor y no le agrega mucho dramatismo a lo que ya aceptó como el último tramo de su vida.  Según dicen, Marito siempre llevó una vida tranquila y ascética, más bien de reclusión interna, pero nadie sabe a ciencia cierta a qué se dedicaba antes de enfermarse ni cómo se había convertido en un pensionista más de Chacabuco al 300. Cuando tiene fuerzas para levantarse, Marito sale a la calle y da algunas vueltas por el barrio, va hasta el kiosco, la verdulería o el almacén, saluda a algunos vecinos y vuelve a la piecita. Pero estos días son cada vez menos y por lo general se la pasa encerrado en su habitación y echado en la cama. Las habitaciones de la pensión son todas iguales, precarias y austeras, entran con lo justo una cama, una mesa y una silla; como todo lujo hay un par de estantes y un ropero lleno de humedad. El baño es compartido. La cocina es comunal. Marito y yo tenemos habitaciones contiguas, compartimos la ochava del segundo piso, una pared descascarada y una porción chiquita de la resolana que se cuela entre los edificios de la vereda de enfrente. Marito es un buen vecino. Durante el día casi no lo veo. Por las noches lo escucho vomitar dos o tres veces por semana, el resto de las veces sólo se oyen sus arcadas y quejidos. Es muy común que los pasillos de la pensión amanezcan impregnados de un olor rancio y amargo que se desliza por debajo de las puertas y nos obliga a abrir las ventanas para ventilar la pestilencia; algunas voces aseguran por lo bajo que es culpa de Marito, pero yo apuesto más por el mal funcionamiento de las cañerías y desagotes del edificio, construido a principios del siglo pasado. No obstante estos pensamientos poco piadosos, nadie le reprocha nada y nunca hubo ninguna queja en la administración. Pensándolo bien, daría lo mismo si las hubiera o no, porque seguramente a Marito no le afectarían demasiado estas cuestiones, tiene bastante lidiando con el escenario cada vez más cercano e irreversible de su propia muerte. Cuando Marito vomita siempre es igual: primero el rugido gutural, después el chasquido violento contra el piso. Cada vez que lo escucho me imagino su cuerpo débil y amarillento doblándose de dolor y esfuerzo, extendiendo los brazos huesudos para alcanzar un vaso de agua de algún estante, y finalmente recuperando el ritmo de la respiración hasta volver a dormirse. En varias oportunidades sentí el impulso de acercarme a su puerta y preguntarle si necesitaba ayuda. Una pregunta bastante estúpida. Ayer me desperté sobresaltado, prendí un cigarrillo y miré por la ventana. Como una vieja costumbre pegué el oído a la pared, el frío de la pared y el ruido rasposo de las cañerías me pusieron la piel de gallina. Faltaban dos horas para que amaneciera pero me había desvelado. Juraría haber escuchado su risa en la oscuridad.

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17 Respuestas a “* marito

  1. MX, la presencia ingambeteable de la parca “ahí nomás”, el edificio de Chacabuco al 300 (viejo y precario como Marito), los vecinos que opinan por lo bajo pero ni pintan para ayudar, la pestilencia (¿qué comerá para vomitar tanto? No creo que mucho, debe ser en su mayor parte sangre), todo eso me refiere a Kafka.

    ¿Por qué ríe Marito? Como bien decís, es una cuestión de contrastes. Se me ocurre que cada tanto recuerda los años previos a jubilarse, cuando seguramente las cosas le empezaron a ir tan mal que tuvo que recalar en esa piecita de mierda, lamentándose amargamente de su desgracia. Hoy vomita coágulos nocturnos, y eso es infinitamente peor. Y ríe, obvio. A lo lejos, en perspectiva, aquellos lamentos le suenan hoy estúpidos y afeminados.

    Abrazo!

    • No sé si ya te lo dije Blopas, pero si algún día se edita un libro con todo esto, el prólogo obviamente es tuyo. Alguna vez podríamos aunar esfuerzos y proponernos una colaboración, cómo la ves? Pensemos, pensemos…

  2. Tristeza de historia humor en el tratamiento que hace que sea más llevadera. me gustó como resolviste este texto. Pobre Marito y pobre vecino. Un saludo

    • Los contrastes son los que nos permiten hacer llevaderas las historias (las que escribimos y las reales). Gracias por la visita Concha. Buena suerte y más que suerte!

  3. Maxi!!! cada día me sorprendés mas, tus cuentos son para vivirlos, me dejaste angustiada, de verdad, tendrias que recopilarlos y enviarlos a un editor, seguro te los publican, felicitaciones!!!

    • Ana, muchas gracias, más allá de la angustia que tal vez les quede a algunos lectores, es muy gratificante saber que se puede llegar así a una persona por medio de la escritura. En lo referente a la edición y publicación, esa es otra historia mucho más compleja… Ya veremos.
      Saludos!

  4. Un personaje para sobrevivir este Marito. Arrastra su literatura como si fuera una cinta que los demás seguimos mientras el se rie de nuestros desvelos. Un tipo listo este Marito.
    Salut

    • Gracias por la imagen de la cinta, Micromios, la voy a tener muy en cuenta. Y en cuanto a Marito, sólo el sabe de qué se ríe…
      Buena suerte y más que suerte!

  5. Ahora digo yo, que extraño recoveco te lleva hacia ese lugar en donde encontrás la forma de meternos en las historias y angustiarnos de tal manera? Y ahora que tengo que hacer? Sacudirme de la cabeza lo que acabo de leer y recibir a la gente que invité a cenar a casa como si no me pasara nada? O pensás que voy a poder comer los agnolotis alegremente? O crees que al momento de brindar no me voy a acordar de Marito? O pensás que es fácil ahora sacarme de la nariz el olor de ese lugar?
    Buenísimo, che. Fuera de toda broma, ahora sí. Muy bueno, el clima perfecto. Y menos mal que que fué una risa en la oscuridad, si hubiese sido un alarido de dolor no remonto más el día.
    Felicitaciones, es todo lo que puedo agregar

    • No se qué contestarte, Vi, por lo pronto por Marito no hay que preocuparse demasiado, la ley de la vida es ineludible. Por otro lado las demás respuestas a lo mejor las confieso con un buen plato de agnolotis adelante! jejeje.
      Después de leer tu comentario, la parte de la risa y el alarido, pensé que peor hubiera sido no sentir ninguna de esas dos cosas, sino simplemente la respiración muy cercana.
      Gracias por todo, buena suerte y más que suerte!

  6. Pingback: Bitacoras.com

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