* gilda

Cuando la conocí lo primero que me pregunté fue si le habían puesto Gilda porque al nacer ya tenía la cabeza en llamas, o si maniática y frenéticamente embadurnaba y teñía su melena de rojo para sobrellevar con garbo el peso de su nombre. Nunca me animé a preguntarle si era natural o no, y nunca me pude dar cuenta. No era linda, pero el secreto era observarla en detalle, detenerse en las particularidades que, al menos para mí, la hacían irresistiblemente atractiva. Tenía rulos, pero los llamaba bucles, y los días de mucho sol se volvían tornasolados. A veces se le daba por plancharse el pelo y sentirse una chica sexy; esos días para mí eran los mejores, Gilda era un cascabel que jugaba y reía tratando de seducir a todos, incluso a mí. Se sentaba a mi lado y me tocaba el brazo con la yema de los dedos estrangulados por anillos de plata, me miraba la frente, me miraba la boca, sus ojos enormes me recorrían la cara y en ocasiones, mientras me hablaba de sus últimos poemas, los dejaba quietos, clavados en el medio de mi pecho. De los poemas no puedo decir nada. Los leía sin entenderlos, y sin espíritu crítico. Los leía porque ella quería que los leyera. No yo especialmente, quería que alguien los leyera, y mejor en voz alta, mejor en compañía. Gilda pensaba que de esa forma se convertía en algo más que letras desparramadas y una roja cabellera; se sentía más pura y menos triste que todas las veces que sus palabras morían en silencio. Yo siempre quise morir en una de sus palabras.

Las razones de por qué nos tortura el recuerdo de las mujeres que nos fueron esquivas son insondables, pero preferimos revolcarnos cómodamente en ese lodo antes que arrastrarnos por el salitral que contiene las respuestas al por qué nunca nos pertenecieron. ¿Pensarán ellas en nosotros de la misma manera? ¿Existiré en un rincón de la memoria de Gilda?. Ojalá que no. No quiero ser una mosca de verano. Ojalá no pueda verme ahora. Ojalá las tejedoras hayan deshecho los puntos del crochet de nuestra historia y vuelvan a armarla según nos convenga. Ojalá que los clavos nos duelan menos; y ojalá que todas las palabras que se me fueron con ella  vuelvan un día como hijos pródigos para que pueda escribir, como antes, historias que no la nombran.

 

23 Respuestas a “* gilda

  1. Me encantan tus historias!! hacés una descripción tan fiel del personaje que me parece que lo estoy viendo, lindísimo relato.

    • Gracias Ana, igual andá con cuidado con esas visiones, porque creo que hay algunos personajes en este blog que mejor perderlos que encontrarlos!
      Saludos!

  2. Hola MX
    Felicidades por tu forma de escribir, me falta aún mucho que leer de tu blog, pero hasta ahora lo que he leído me ha encantado. En particular esta entrada me parecio fantástica y bien llevada. Un abrazo

  3. Los amores pasados contados a través de una memoria selectiva, Gilda convertida por la fantasía y el anhelo en la mujer perfecta de adorables defectos. Un relato estupendo de lo que no pudo ser.

    • Anne, me parece que en estos casos la memoria siempre funciona selectivamente, porque por más reflexivos que nos querramos poner, siempre lo primordial es el instinto de supervivencia. De este modo llegamos hasta un límite y a partir de ahí damos vueltas y vueltas… creo que es un poco lo que quise expresar con el fango y el salitral. Saludos!

  4. Del texto solo decirte que me admira la forma en que lográs que entendamos personajes y contextos con pocas lineas, contundentes y sin perder belleza.
    Más te leo, más encuentro ese estilo bien de ciudad enorme, sensible sin ser cursi, buscando y buscando cómo acomodar frustraciones, historias truncas, soledades, miserias y sinsentidos sin caer en lo trillado, sin perder calidad en las palabras. Un abrazo!

    • Clau, gracias por la apreciación sobre el estilo. Es algo que me genera varias dudas, es como una búsqueda a ciegas, pero que aparentemente va encontrando las vigas de su estructura. Buena suerte y más que suerte!

  5. Hola MX. Una reverencia de 83 grados ante esta historia. No puedo menos que maravillarme por la maestría con la que disponés las palabras y las frases para contarla. Hay algo mágico en eso; usualmente genera un efecto que dura varios días.

    Muchas veces (demasiadas) me ensucié en el lodazal de los recuerdos, cuando, en realidad, fue un error haberme formulado esas preguntas nefastas. Si alguna culpa me quedaba por allí dentro, terminaba lastimándome como un boomerang de regreso. El mejor ejemplo te lo comenté sucintamente en un post anterior.

    En mi próxima vida evitaré los salitrales.

    ¡¡Altas felicitaciones!!

    • Si, me acuerdo de tu comentario en el post anterior, y las historias que volvían…
      Creo que todos anduvimos con los zapatos con barro en muchas oportunidades, y en determinados momentos eso está bien, pero después la mirada se torna más reflexiva y nos permite ver con claridad. Con los treinta y pico encima yo también me morfé varios boomerangs, algunos los pude esquivar, otros agarrar al vuelo con habilidad, y otros simplemente me llenaron de chichones; pero bueno, parece q es así…
      Acepto la reverencia, que también tienen efecto duradero, me envalentono y por ahí se me dá por escribir con más ímpetu.
      Saludos, Blopas!

  6. Algunos tienen suerte y sus mitos se convierten en seres de carne y hueso. Otros no encuentran sus mitos pero entienden los poemas. Y algunos afortunados saben contarlo, como tu.
    Salut

  7. Pingback: Articulo Indexado en la Blogosfera de Sysmaya

    • Gracias José, Gilda forma parte de una serie de textos sobre mujeres reales, imaginarias, posibles, ausentes, cada una importante e irreemplazable a su manera. Gracias por leer!

  8. Obsesiones que nos llenan la vida y que la vacían también, cuando los recuerdos se van enfriando, cuando las posibilidades se van haciendo escasas y cuando llega finalmente la conformidad de los años.
    Un gran abrazo

    • Si, Chrieseli, hay un poco de todo eso en esta serie con nombres de mujer que fue brotando ultimamente. Sobre lo lleno y lo vacío, una buena filosofía (y sana) es no preguntarse ni lamentarse al respecto, sino simplemente tomarse todo lo que haya en el vaso, y provecho!
      Gracias por leer, buena suerte y más que suerte!

  9. Me ha encantado. Un relato redondo. Esta prosa tuya que escoge las palabras y las imágenes y nos descubre en dos trazos una vida. Muy bueno. Saludos

    • Me contenta tu comentario, Concha, por la observación sobre las imágenes. El gran poderío de las palabras es que con ellas podemos construir en la cabeza de quien lee, escenarios completos que se van reinterpretando con cada lectura. Saludos!

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