* adiós muchachos

Desde que tomé noción de que me iba a morir, siempre supe que lo iba a hacer de manera trágica. En realidad no es una tarea que vaya a poner en práctica directamente, no pienso en morirme como si fuera un pendiente para el fin de semana, algo planeado, algo duradero, o alguna de esas crueles y lentas agonías que se nos reparte tan a menudo; no, lo que yo siempre supe es que la muerte me va a sorprender, me va a llevar de golpe y en un segundo me va a depositar a diestra o siniestra de quien corresponda. Pero nunca fui muy amigo de las sorpresas, y menos de las de este tipo, por lo que decidí presentar una humilde batalla. Como no soy tan estúpido para pensar que puedo burlar a la parca, la meta que me impuse es simplemente, cínicamente, estropearle la sorpresa que me tenga deparada. Yo sé cómo me voy a morir. No me interesa saber cuándo ni dónde, porque perdería gran parte de la emoción, de la diversión del azar. Pero estén seguros que va a ser algo feo, repentino, accidental, va a ser una de esas cosas de las que se habla de vez en cuando y que los relatos y recuerdos desdibujan para hacerlas más llevaderas y menos dolorosas. No voy a dar más detalles para no arruinar el gusto morboso por lo inesperado y lo fatal que mucha gente comparte. Agrego, para los más curiosos, que, salvo por lo truculenta, mi muerte no va a ser gran cosa, no marcará un antes ni un después de nada, ni tendrá ningún rasgo particular que la diferencie de tantas otras, será una más, una muerte común y corriente. Tampoco es que me crea merecedor de una muerte heroica o memorable, ni siquiera pintoresca, desconfié toda mi vida de esas adjetivaciones, a las que veo como adornos innecesarios que los sobrevivientes necesitan escupir para sobrellevar la pérdida; son redenciones pedidas al muerto después de muerto. Una vida miserable no puede tener un final magistral ni glorioso. Todas las muertes son estúpidas, desde la del prócer más prócer hasta la del mierda más mierda. Por eso en mi lápida, debajo de mi nombre quiero que escriban con letras claras y elegantes: “Yo sabía.”. Y si puede ser en sajón antiguo, mejor. A lo mejor, llegado ese día, los que no me conocían bien creerán que mi vida tuvo algo de interesante y no fue tan intrascendente como la de la mayoría, como la de ellos.

13 Respuestas a “* adiós muchachos

  1. Acabo de llegar. Muy buena la placa en sajón antiguo, quizás se pueden ir encargando muchas que digan, en el mismo estilo “yo tambien sabia”, o “todos sabíamos”…quizás la atormentamos y se distrae un tiempito.
    Voy a seguir leyendo, me entusiasmé.

    • Hola Vi, me alegra que se te haya despertado el entusiasmo. Yo tengo un conocido que trabaja armando lápidas, si juntamos varios creo que nos puede hacer un descuento. Eso sí, no sé si domina el sajón…
      Gracias por leer, buena suerte y más que suerte!

  2. Muy bueno, MX. En relidad, la lápida la podrías hacer grabar mañana mismo. Es más, mientras antes, mejor. Este “Yo sabía” es conceptualmente superior al epitafio que Pete Sinfield escribió para King Crimson, que apenas decía “Confusion”. Felicitaciones.

    • Si, la lápida ya la tengo encargada, por ahora estoy en tratativas con el modelo del jonca con manijas para adentro (nunca se sabe, vió?).
      Saludos!

  3. Terriblemente original tu texto, tanto que no parece que pueda agregarle nada demasiado interesante. Me parece una buena forma de joderla el hecho de que no te agarre desprevenido. Saludos!!!

  4. Te había escrito un comentario coolisimo, pero no sé donde se ha ido. Ahora, con la “leche cortada” sólo puedo decirte que me gustado y adios muchachos compañeros de la vida era un tango que le fascinaba a mi abuela y que escuchábamos los domingos, antes de almorzar😦

    • …me toca a mí hoy emprender la retirada…
      De los tangos, uno de los más contundentes, es curioso que sonara en tu casa como preludio al almuerzo familiar…pero no deja de ser pintoresco.
      Buena suerte y más que suerte, Chrieseli!

  5. Creo que la muerte debería tener un reconocimiento por tu parte, tipo “Gracias por venir” más que nada porque si al final resulta que no viene a tiempo, tendrás que reeditar el comentario y siempre es un engorro. A mi me molesta reescribir.
    Salut

  6. Pingback: Bitacoras.com

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