* pajaritos

El que nunca se la midió entre compañeros en el baño del colegio, es porque siempre supo que la tenía más corta que los demás. Se podía excusar en que esas eran cosas de putos, en la poca gracia de andar mirando pistolas ajenas, podía también invocar cuestiones higiénicas o ampararse en el peligro de la sanción que les caería en el caso de ser pescados in fraganti; pero ninguna de estas excusas se tomaba por válida y todas eran vistas como cobardía, estupidez o falta de compañerismo, llegando incluso a la temida y aberrante acusación de homosexualidad reprimida. Lo interesante de la situación, o lo perverso si se quiere, es que esta última acusación que ponía en duda la sexualidad del no participante, era preferida por él mismo antes que dejar al descubierto la desventaja con la que corría. Para ponerlo en blanco y negro: era mejor pasar por maricón que por pito corto. De esta manera la pelea era solamente contra un rumor malicioso e infundado; de la otra se planteaba la lucha desigual contra la amarga realidad. La crueldad es una carabina aceitada e implacable, y la adolescencia es el campo de entrenamiento para futuros francotiradores. Con esta pueril competencia, en principio inocente, se desata el más puro instinto animal, el espíritu de manada. Se trata de encontrar e identificar al macho alfa que regirá, hasta la llegada de un nuevo líder, el destino de los secuaces, a los cuales el pinet no les alcanza todavía para cantar victoria. El único mérito necesario para recibir la chapa de líder, de gran poronga, es básicamente tenerla más grande que los demás. Así de simple puede uno llegar y erigirse en la punta de la pirámide social, y en orden contrario, el menos beneficiado por la naturaleza se ubicará en la base de la misma como una lacra despreciable. Es por eso que a sabiendas de la propia limitación, se evita la confrontación.

Olvidemos a los siempre ganadores, aquellos que ostentan centímetros o grosor, o aquellos que logran mención honorífica por la robustez o el color o la elegancia; dejemos de lado a los inconstantes, los que en buenas rachas pelean la punta de la tabla pero que en un mal día arañan el descenso. Todos ellos se animan a jugar, y entregados al azar, tienen por sabido que la suerte favorece a los audaces. Detengámonos en los ajenos, los sospechosos, los acusados de traición que nunca se animaron a medirse el pajarito con la escuadra, los que saben que para ellos ya nada es cuestión de suerte, sino de un destino marcado de esfuerzo y resignación. Por más que después todo quede en el recuerdo como divertidas ocurrencias colegiales, tendrán durante toda su vida una sombra flotando sobre sus cabezas. La sombra de la vergüenza. El miedo al vestuario, el miedo a la primera vez. El miedo a todas las veces. La madre naturaleza es sabia, nos enseña primero lo realmente importante. Por esta razón el estigma longitudinal se descubre muy temprano, antes que cualquier otra verdad; se puede desconfiar de la existencia de Dios, pero es imposible ignorar que la tenemos chiquita.

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20 Respuestas a “* pajaritos

  1. Ay ay ay. Alguien me dijo por ahí que hay que salir a jugar con las cartas que nos tocan. A las minas, nos pasa casi lo mismo, con el tamaño de las tetas o del culo, o con tantas otras cosas. El pito no es tan importante y uno lo aprende con los años, cuando asoman otros trucos, el reconocimiento del propio cuerpo y la desvergüenza. Lo groso no es chapar los 4 ases, lo groso es poner cara de poker.

    • Excelente reflexión final, Gaturra! “Lo groso no es chapar los 4 ases, lo groso es poner cara de poker.” pasa a mi top five. Buena suerte y más que suerte!

  2. Cuando el rumor de que sos puto se impone sobre el que dice que la tenés chiquita, lo bueno es que ya nadie se pregunta cómo la tenés realmente. Y mejor aún, cuando se confirma que sos puto, nadie se atreve a discutir medidas, longitudes y grosores. Es como si los putos no tuvieran pito, al menos para los heterosexuales que, antes de competir, prefieren ni siquiera acercarse. Capaz por miedo al contagio. Hemos oído tanta cosa estos días, que ya estoy casi convencido que opera por contagio la homosexualidad. Y yo sin saber quien fue el culpable. Por otro lado, tenerla un poco más grande, no se contagia. Qué lástima! O no. La pregunta de adultos es ¿para qué queremos tenerla más grande? No sé.
    Chino volví! Volví a leer. Este relato me hace pensar en el de las figuritas mío. ¿No te parece que hagamos una especie de manual sobre como sobrevivir a la escuela primaria?

    • Yo creo mi querido, que tengo certera respuesta a su pregunta. ¿Para qué queremos tenerla más grande? Pues para ostentar! Claramente! Yo saldría por los barrios, incluso pondría afiches antes de cada presentación, y me quedaría firmando autógrafos con mi miembro (previamente entrenado a tales efectos). Interesante la propuesta de la supervivencia, podemos implementarlo.
      Buena suerte y más que suerte!

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  4. Me ha provocado una ternura inusitada tu entrada. Recuerdo claramente a mis compañeros de la escuela, escondidos secretamente en el baño, en esta especie de contubernio sellado con sangre y con silencio por los siglos de los siglos. Podías adivinar en sus caras quien era alfa, tropa y quien quedaba en el descrédito más absoluto.
    Es duro ser un hombre, me doy cuenta cada vez y mejor.
    Un abrazo

    • Quién sabe cuántos destinos fueron forjados entre esas paredes de azulejos roñosos, Chrieseli. En esas logias se definía el carácter de cada uno. Saludos y gracias por leer!

  5. ¿Y que pasa con la calidad? Igual unos centímetros de más no satisfacen y lo que se queda corta es la imaginación. Nunca entendí esa costumbre de macho por medir.

  6. ¿Crees que España la tuvo más larga? ¿Que Argentina se arrugó? hummm, no sabría decir. A lo mejor el alargamiento dio resultado y otros no invirtieron, se conformaron con la mano en lugar de entrar de lleno en la contienda.
    En fin que me ha gustado este arrebato masculino. Me reservo la pregunta e imagino la respuesta.
    Salut

    • Gracias por leer Micromios, no creo poder dar una opinión objetiva sobre España y Argentina todavía, sigo de luto, jejeje. Con respecto a la pregunta reservada, la respuesta es siempre la misma, porque los hombres somos en este tema muy mentirosos…
      Buena suerte y más que suerte!

  7. Me encanta cómo este post devela el universo masculino, totalmente desconocido para mí porque no tengo hermanos ni hijos varones.
    Qué gran mierda las presiones sociales no? De qué manera tan perversa pueden llegar a mellar la autoestima de alguien para toda su vida, pucha.

    • Y bueno Rara, algunos nacen con estrella y otros nacen estrellados. El equilibrio del mundo pende de un hilo, corto o largo, je. Buena suerte y más que suerte!

    • Leyes de compensación, Fanou, de eso se trata. Pero también hay de los otros, de los que se empeñan en dejar atrás la desventaja, y se convierten en laboriosos obreros del amor, jajajajaj. Gracias por leer!

    • Si, Elena, estamos de acuerdo. El cuánto, el cómo, el por qué y el cómo son cosas que se van averigüando con el tiempo. Eso dicen, porque a mí no me pasó, jejeje.

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