* polen

En el momento en que comencé a rodar por la pendiente vertiginosa del error repetido, conciente de la vulgar caída, perdí de vista todo anclaje con la realidad. No veía a mi alrededor más que siluetas borrosas, traslúcidas, veloces y distantes; no escuchaba más que atronadora estática, ya no estaban conmigo las voces serenas que tanto bien me habían hecho en otro tiempo. Estaba solo. Mi mayor temor era que la máquina dijera basta, que los tornillos y engranajes finalmente cedieran, el miedo profundo a quedar esparcido por el piso como los restos de la imitación barata de un reloj suizo. Posiblemente después de un llanto falso pero comprometido, los infames mercaderes de siempre juntarían las partes, mis partes, en una bolsa y me venderían como repuestos originales traídos de Basilea. Por la médula me caminaba una caravana de orugas, una tras otra subían hasta mi cerebro y allí se convertían en polillas grandes y negras que agujereaban voraces mis pensamientos, mi juicio y mi razón. Soy un hombre bueno, comencé a repetirme como mantra, pero no funcionó; en mi caída libre veía mi voluntad quebrada y todos los errores, todas las equivocaciones, todos los pasos en falso de los que no pude escapar se me venían encima con la furia endemoniada de una bala reluciente. No te dejes ir, campeón, creí que me decían todos al mismo tiempo, pero supe que era una ilusión porque nadie me miraba ni me hablaba, dejé de existir por un segundo y amargado por ese espejismo supe que era tan débil y efímero como la ceniza de un cigarrillo a merced del viento.

Estuve a punto de desaparecer pero aquí estoy. Sólo una cosa me salvó de engancharme en ese anzuelo, la cosa más inesperada, la que de tan imposible yo ni siquiera soñé ni anhelé. La chica almendra pasó ante mí, reconstruyendo mi tiempo y mi espacio, envolviéndome en su aroma a mujer perfecta, enjuagando mi cuerpo con su aliento y su sonrisa; podría haber sido casualidad, pero el destino siempre tiene forma de mujer, y ella lo sabía tan bien como yo. Clavó sus ojos en los míos sin esperar nada a cambio, y yo, la pieza de ingeniería desafortunada a punto de colapsar, me enrollé en su cintura para emprender el largo viaje de vuelta. Con un simple gesto apartó la negrura y la confusión, sus labios fueron las tenazas con las que me rescató del abismo con precisión de cirujano. Estuve a punto de caer de rodillas y rezarle a esa virgen misteriosa. Tal vez todas las personas nos crucemos unas con otras por un motivo particular y definido, muy puntual, en donde unos y otros seamos indispensables recíprocamente; donde por un segundo seamos técnicos reparadores, emergentólogos, la pata, la columna, la pieza de mampostería faltante, la mano en el hombro, la frazada caliente, y luego adiós. Tal vez el momento más perfecto de su vida haya sido el día en que con casi nada, con solamente girar sobre sus talones y mirarme en silencio me dio lo que yo necesitaba; y tal vez la única razón que nos llevó a conocernos fue justamente esta, la salvación.

La chica almendra me quiere y no me quiere. La chica almendra no huele a almendras sino a café. La chica almendra a veces viene y a veces se va, a veces es trigo, otras manantial. Los lunes es un reflejo en la ventana, los martes orquídeas, y los miércoles no sé. Los días tristes es una foto desteñida, y yo me guardo bajo la mesa. Los días felices es una flor que baila y baila regalando polen, y yo me transformo en colibrí.

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25 Respuestas a “* polen

  1. Excelente. Como siempre, maldita sea! te envidio y no me da mucho aceptarlo, sabes?
    Ese giro en el último párrafo es asombroso! muy bien logrado, como siempre, lo repito.
    Un Saludo.

    • Ya que no puedo hacer nada para evitar que te de envidia, aunque quisiera, espero que sea un motor que te impulse a seguir escribiendo tantas cosas como hasta ahora. Auguro un gran futuro para vos en este ámbito y espero que no se disipe tanto talento, cuando hagas la presentación de tu primer libro (tal vez “Crónicas de la envidia”, jeje) espero estar presente en primera fila, en esa Colombia que desconozco pero que imagino fielmente en tus relatos. Un abrazo, David!

    • Espero que al final te haya llegado la bocanada de aire salvadora, Concha, la misma que la chica almendra insufló a nuestro protagonista. Buena suerte y más que suerte!

  2. Me gusta como emerges siempre, desde la profundidad de la desolación hasta alcanzar niveles casi de redención. Me quedo con la frase de que el destino siempre tiene forma de mujer.
    Un abrazo

  3. Hermoso la forma de conbinar poesía en la prosa y belleza hasta para describir la desesperación y el dolor que conlleva. Las ganas de seguir siendo, de seguir estando que vuelven por una esperanza, la del amor. Bellisimo. Un abrazo!

    • Claudia, nunca se me dio bien la poesía, creo que por eso juego así y dejo correr entre líneas algunos adornos. La prosa se va desfigurando hasta tocar algunos bordes, me gusta ese lugar. Gracias por leer!

  4. Es uno de los textos más hermosos que te he leído. No solo contiene poesía sino que además resulta coherente de principio a fin.Los errores en momentos de soledad y la salvación en la figura de una mujer.
    Espléndido, mi querido amigo.
    Un abrazo.

    • Muchas gracias por los elogios Piper, creo que salió redondito por ser en gran parte (o en su totalidad) un resumen de la última semana, je.
      Saludos!

  5. Pólen y almendra, semillas que nos sobreviven. Pero debemos abandonar la cáscara para renacer.
    Un texto muy poético Max, un buen regalo para este domingo sin nada más que hacer ver como el sol entra por la ventana y sentir que la vida corre por ahí.
    Salut

  6. Pingback: Bitacoras.com

    • Me alegro de que te haya gustado, Almita. Estoy un poco atrasado con la lectura de tu blog, pero aprovecho este momento para recomendárselo a todos, ya que van a encontrar material muy bueno e interesante. Saludos!

  7. Leí y releí. Luego dejé que dos imágenes se clavaran en mi cerebro como un picahielo. La primera nació de la palabra “almendra”, que asocié irremediablemente con “almendras amargas”. Me imaginé que la chica almendra, la chica salvadora, no era sino la muerte. Luego le puse una imagen. Aluciné con aquella mujer que arropaba al alpinista en la nieve en uno de los sueños de Kurosawa. Ella también era la muerte (una de las más poéticas que he visto). Y este post es poesía pura. Muchas gracias.

    • Caramba, gracias por tan rico comentario, Blopas. Me encanta ver como cada texto va creciendo y creciendo en significados a través de este tipo de opiniones. No te voy a agradecer esta vez por leer, sería aburrido, te voy a agradecer por compartir cada cosa que te surge con las historias. Gracias!

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