* los putos de la estación

Perdió la virginidad de parado en un baño de Constitución. No fue su primera vez en el sexo, ya conocía de cerca la masculinidad de los viajantes efímeros que suben y bajan de los trenes suburbanos. Fue la primera vez que lo penetraron. Como un hormiguero alborotado, el hall central de la estación siempre está rebalsado de gente perdida yendo a trabajar, o volviendo, y cobija a jaurías de pendejos desangelados que se la rebuscan como pueden. Varios afanan o mendigan, otros comercian baratijas de container, algunos pocos lustran zapatos o venden almanaques. Los más aventureros, como Marcelo, prueban suerte entre los azulejos mugrosos de los baños de hombres, encerrados en letrinas pestilentes de humores rancios y penetrantes, aliviando ansiedades de desconocidos de paso a cambio de algún billete. Por diez te la tocan, por veinte te la chupan.

No es que a Marcelo le gustara vivir así, pero era lo único que tenía y se terminó acostumbrando. Llegaba a media mañana, después de una larga caminata desde Avellaneda; con el desgano propio de cualquier oficinista se instalaba a un costado de la fila de mingitorios amarillentos y corroídos, a esperar la demanda. Tenía un par de fijos, un escribano de Temperley, un viejo maraca que no usaba el tren sino que sólo iba relajarse a los baños, y un par de suboficiales de la bonaerense que todos los jueves llegaban y se iban juntos después de un servicio grupal. El resto de la clientela eran tipos comunes y corrientes como todos, con caras olvidables como todos, y Marcelito no era muy fisonomista. Había un par de pibes más que laburaban en la estación, a veces compartiendo turno, pero el capanga del asunto era él, que con apenas quince ya era el más grande. Cuando llegaba la madrugada, se terminaba todo. Desaparecían los trenes, la gente, la policía, y llegaban los cartoneros, el frío, el hambre y la soledad. Entonces era la hora de la vuelta a casa. Río, puente, vía, chapa.

Marcelo se agacha y afirma las manos sobre el pescadas, los pantalones a media asta y las muelas apretadas. Siente el tintineo de un cinto que se desprende y diez dedos que se le clavan en la cintura como tenazas, después el roce de la campera de cuero en las nalgas y la verga caliente que se empieza a abrir paso. Por lo menos este es lindo, piensa. Uno, dos, tres. Cuarenta pesos está bien. Cuatro, cinco, seis. Se escuchan pasos, voces, pedos, toses. Siete, ocho, nueve. Diez. Bien, pibe, bien. Arriba. Marcelo sale a la superficie para ventilarse, necesita sacarse de encima el olor que tiene impregnado, esa mezcla obscena de meo, acaroína y transpiración de albañil. Basta por hoy. Prende un pucho y empieza a caminar. Cuando pasa por el kiosco de diarios de la esquina de Brasil el canilla lo saluda. Chau Marcelito. Chau Miguel, hasta mañana.

Anuncios

33 Respuestas a “* los putos de la estación

    • Hola Mostro, todos los textos que encuentres en el blog (salvo casos indicados, pero creo que no hay nada más que algun fragmento de canciones) es de mi autoría. Gracias por pasar, leer y comentar. Buena suerte y más que suerte!

    • Gracias por pasar a visitar, Pancho. En general yo veo las cosas un poco más amargas, y trato de contarlas de esa manera para poder tener el pantallazo completo. Buena suerte y más que suerte!

  1. Muy gráfico, y duro como la vida misma. Un ejemplo de que la vida no se la misma para todos. Me ha gustado proque Marcelo no llora solo supervive.
    ¡La estética del tu blog me encanta!

    • Elena, a veces, lamentablemente, a mucha gente le queda sólo la supervivencia. Muchas gracias por tu visita, tu comentario, y fundamentalmente por leer!
      Saludos!

    • Jordim, me siento muy halagado por tu comentario. Espero que encuentres mucha más sangre rondando por este blog, y si alguna tibieza se me escapa, te pido disculpas por adelantado (pero no creo que suceda). Buena suerte y más que suerte!

    • Gracias Juan Pedro, me alegra tenerte paseando por estos lugares. Con respecto a los temas difíciles, creo que si nos podemos liberar de determinadas censuras y restricciones (a veces reales, a veces ficticias) podríamos abordar cualquier tema teniendo en claro que queremos decir. Buena suerte y más que suerte!

  2. Una visión sin adornos ni adjetivos superfluos. Describes tanatológicamente una escena que no es aislada, que no es menor y que pasa, con la misma crudeza que emerge de tus palabras. Como si fueras un veedor imparcial de las torciones del ser humano, vas sin juzgar, sin herir, sin tomar partido, línea por línea. Cuentas los hechos, descarnados y violentos, tal como son, sin epopeyas ni romanticismos, sin explicaciones engorrosas y sin ánimos pedagógicos. Una crónica social de un momento de la vida en que se hace lo que se puede para seguir viviendo.

    • Gracias por tus siempre benévolos y tan ricos comentarios, Chrieseli. Particularmente en esta apreciación tuya me vi claramente, y me pone contento que algo de lo que hago llegue de la manera en que lo pensé. Gracias otra vez!

  3. Hiela tanto como para atreverme a comentar. Pensar en tod@s l@s Marcel@s “acostumbrados” ¿de veras? a laborar así. Brutal esa aséptica cuenta: uno, dos, tres … hasta prender un pucho. Saludo.

    • Bienvenido Letras! Gracias por el comentario, espero que tu atrevimiento se haga una buena costumbre. Gracias por leer, buena suerte y más que suerte!

  4. Este relato con olor a miseria humana, se me antoja una visión diaria de cualquier parte del mundo. Meternos en la piel de multitud de vidas, nos hace examinarnos de manera distinta. la satisfacción de que nuestras vidas no son vividas tan al limite, nos procura una especie de paz momentánea. Momentánea, pues cada uno y a nuestra manera, vivimos nuestra particular miseria.
    Me ha gustado, como todo lo que te he leído, tu forma de relatar.
    Un abrazo

    • Gracias Piper, valoro muchísimo este tipo de comentarios en dónde me entregan una devolución de sensaciones sobre lo que he escrito. Eso es lo que más me interesa, conocerlos por medio de sus sensaciones e impresiones. Gracias por leer!

  5. Tu relato me parece espectacular. Sé que es ficción, pero al mismo tiempo conozco Constitución y sospecho que es perfectamente posible, y hasta peor. Como decía Un Poco Rara, la miseria duele. “los putos de la estación” me deja una sensación amarga, pero eso lo hace un gran relato, capaz de movilizar el alma. Felicitaciones.

    • Muchísimas gracias Blopas. Como siempre digo, es muy reconfortante recibir sus comentarios, no tanto por las críticas u opiniones literarias (que también son bienvenidas, claro) sino por las sensaciones o reflexiones que surgen de ustedes al leer cada texto. Muchas gracias otra vez! Buena suerte y más que suerte!

  6. La descripción de las letrinas pestilentes con sus azulejos mugrientos es un escenario perfecto para la escena que describes, la bajada a los infiernos de un pobre chico que mientrás presta sus servicios intenta concentrarse en el dinero que va a sacar. Me ha gustado mucho la parquedad del vocabulario.
    Saludos,

    • Anne, los escenarios se me presentan solos, sin necesidad de inventar demasiado. A partir de allí, la historia es muy fácil de recomponer. Saludos!

  7. Tan real que se huele. Siempre que paso por el hall de Constitución veo las caras de los que están parados y esperan, de los que salen del baño con traje y corbata con cara de nada, nunca quiero imaginar más allá, para qué si ya se sabe. Saludos!

    • Y si, Claudia, de algunos (o muchos) dolores y miserias está construída nuestra cotidianeidad. Podemos ver, podemos imaginar, podemos contar. Creo que elijo hacer un poco de todo eso. Gracias por leer!

  8. Pingback: Bitacoras.com

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s