* nada que decir

En el horno se asaban dos pedazos de cerdo y algunas papas. Llegó puntual y con una botella de vino tinto. Puso un disco de Neil Young, se descalzó y comenzó a hurgar en mi biblioteca mientras yo preparaba la mesa. Prendí un cigarrillo y abrí la ventana. Fuera de la oficina éramos diferentes; más libres, más auténticos, más falibles. Cuando estábamos solos éramos lo más cercano a lo que queríamos ser. Ni a mí me importaba su marido ni a ella la diferencia de edad, ambos disfrutábamos del morbo que nos generaba todo aquello. Nos terminamos la botella y nos sentamos a esperar, abrazados y en silencio, que el cerdo estuviera listo.

Hacía tiempo que no teníamos sexo, desde el quinto mes de embarazo habíamos espaciado nuestros encuentros íntimos, más por mí que por ella, no me sentía cómodo y estaba más pendiente del cuidado que del placer. Ninguno de los dos estaba seguro de quién era el padre, si su marido o yo, pero tampoco nos importaba. Le sentaban muy bien los kilos de más que había sumado desde la última vez; las mejillas infladas resaltaban la belleza insoportable de su rostro, la que lastima sólo de verla. Si tuviera que definirla en una sola palabra, no podría. Todo en ella aparecía de repente, era un vendaval que arrastraba consigo todo lo que deseaba, y lo que no, lo desperdigaba en pedazos por los aires. Si fuera mi esposa en lugar de mi amante, seguramente en una noche profunda y negra, cerca de las tres de la mañana, la estrangularía.

No es fácil ser intrascendente, no es fácil vivir en un presente continuo sin anhelos ni proyecciones, no es fácil no tener nunca nada que decir; el arte de desaparecer nos sentaba muy bien, casi sin proponérnoslo flotábamos en la bruma del desgano con placidez, abúlicos por elección. Lo único que nos interesaba en ese momento era quedarnos sentados en silencio escuchando la voz rasposa y cortante de Neil Young. Y en eso estábamos.

21 Respuestas a “* nada que decir

  1. “nos sentamos a esperar, abrazados y en silencio, que el cerdo estuviera listo” me parece increíble. Lo que más me gusta es la calidad para ir agregando información sin ser evidente que tiene todo lo que escribís. salut!

    • Pilar, gracias por el comentario, y muchas más por detenerte a leer.
      Y es verdad, con el viejo Neil de fondo, nada importa. Me imaginé todo el relato con “Down by the river”, por si alguien quiere darle un mayor contexto.
      Saludos, buena suerte y más que suerte!

  2. Nop, me sorprendí esperando lo pasado, deseando repetirlo en el futuro, pero no daba. Así pasa a veces. Después crecí🙂
    Un abrazo

  3. Alguna vez la eterna levedad de mi ser me hizo añorar un espacio donde no hubiera ni más ni menos que lo que tienen estos amantes, sólo el hoy.
    Bienvenido de vuelta.

  4. Bienvenido a la nube. Echaba de menos tus relatos. Este de desaparecidos escuchando a Neil Young nos devuelve tus letras ágiles. un saludo

  5. Personalmente creo que se equivoca: si fuera mi mujer la mataría. Señala un tipo de posesión equivocada, mientras por otro lado celebra justamente lo contrario. Una dualidad peligrosa.
    Un regreso magnífico.

  6. Me alegro mucho de esta vuelta Max. Ya se echaban de menos tus relatos.
    Nada que decir con palabras pero los silencios también cuentan. sólo el presente, sin futuro ni recriminaciones guardados en la recámara para dispararlos en el primer combate aporta un plus de nada que a veces es mucho.
    Salut

  7. Pingback: Bitacoras.com

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