* cerdos

El cuero del cerdo es duro y resistente, pero después del primer esfuerzo su consistencia es muy, muy tierna. Apenas el filo del cuchillo se hunde, la carne se abre mansamente aflojando la tensión a cada lado del surco; las fibras, la grasa, los nervios, el músculo, todo se desgarra sin resistencia. Aparece primero el rosado oscuro mezclado con sangre y, conforme el corte se profundiza, se va haciendo cada vez más claro hasta llegar al blanco, tan blanco que pareciera verse un poco del hueso, pero no, todavía falta para el hueso. La carne de cerdo es la más parecida a la del ser humano. Eso fue lo primero que me vino a la mente cuando la encontré desnuda en el piso del baño, después de resbalar y abrirse la cabeza contra el borde de la bañera. La imagen del tajo profundo, blanco, en su cuero cabelludo, y de la sangre espesa que se apelmazaba entre sus cabellos y se colaba entre los cerámicos azules, me generó la misma impresión que la de ver morir un cerdo.

Había fantaseado muchas veces con ese momento. No exactamente con ese en particular, pero sí con alguna consecuencia trágica, deforme, con alguna desgracia que me cayera encima como castigo por involucrarme con una de mis alumnas del instituto. En mis fantasías punitivas, el castigado siempre era yo. El preso, el muerto, el mutilado, el apedreado, el torturado. No tenía la conciencia tranquila, a pesar de que nunca habían pesado las cuestiones morales por sobre mis decisiones personales de gozo y disfrute. Pero esta vez el asunto se tornó un poco más grave, digamos que irreversible. Estaba muerta. Los ojos vacíos y sin brillo, los labios levemente azulados, la palidez que la fundía contra el piso, eran señales unívocas que confirmaban el diagnóstico. El verano estaba apenas comenzando, una extraña ola de calor calcinaba la ciudad desde hacía una semana y no tardaría mucho en ensañarse con el cadáver. Si dudaba un segundo, los efectos de la descomposición nos delatarían y mi fantasía se convertiría en realidad.

Fui a la cocina, traje el tarro de harina y la esparcí sobre la sangre derramada para que se secara y evitar que se expandiera manchando el parquet del pasillo, mucho más difícil de limpiar. Abrí el agua fría y llené la bañera. Levanté el cuerpo con facilidad, lo puse en el agua y, mientras sus ojos muertos miraban el techo, me duché para sacarme el sudor y la sangre de encima. Las altas temperaturas me ampararon, nadie se sorprendió cuando volví cargando las bolsas de hielo desde el mercado de la otra cuadra. Por suerte no estamos en invierno, pensé. Tiré el hielo en la bañera, agregué un kilo de sal y una botella de alcohol que tenía en el botiquín. El agua aumenta la superficie de contacto con el objeto, la sal reduce la temperatura de fusión del hielo retrasando el derretimiento y, por una reacción química, el alcohol retira el calor de la mezcla. Con la mezcla frigorífica, como llaman por ahí a esta receta casera, había ganado varias horas para pensar.

Mientras limpiaba el piso del baño pasando agua y detergente, después solvente, después brillo para pisos con perfume a lavanda, podía ver mi cara en la tapa de los diarios del día siguiente, bajo letras gigantes que arengaban la indignación de la comunidad. El epígrafe de la foto me condenaría con adjetivos denigrantes, y hasta incluso los redactores me inventarían un apodo terrible y más condenatorio aún. Mi ex esposa sería la primera en exigir mi reclusión, tal vez mi ejecución si nuestras leyes lo permitieran; mis hasta entonces mejores amigos me negarían rotundamente, reconocerían apenas una relación cordial pero no muy cercana; mis vecinos saldrían en todos y cada uno de los programas de la tarde hablando de lo extraño y sospechoso que siempre les había parecido; el inicio de la feria judicial me costaría dos meses en los calabozos subterráneos del Palacio de Tribunales esperando que los jueces y fiscales regresaran de sus largas vacaciones. Todo eso sucedería si me atrapaban.

Junté las prendas del uniforme que habían quedado tiradas en la habitación y las guardé en su mochila junto con los libros, cuadernos, carpetas, y demás cosas que tenía desperdigadas sin orden. Puse el ventilador al máximo en la puerta del baño para mantenerlo fresco y aireado. Era cerca del mediodía, desde mi ventana se podía ver la cortina de vapor que se levantaba del asfalto y dejaba ver del otro lado imágenes desdibujadas, monigotes ondulantes que se derretían bajo el sol. Necesitaba más hielo. Necesitaba nicotina. Necesitaba comer. Lo más importante de todo es mantenerse sereno y no perder la calma, guiarse por el instinto. El instinto es algo así como lo opuesto a la educación, por ende, para lidiar con situaciones para las cuales no fuimos debidamente educados, lo mejor es dejarse llevar por el instinto. No digo que encontremos la solución perfecta e inmediata, pero conoceremos lugares que quizás nunca hayamos visitado.

Puse a hervir agua en una cacerola y me repetí que había sido un accidente. Los hidratos de carbono son imprescindibles para el funcionamiento del organismo, ayudan a mantener la actividad muscular, regulan la temperatura corporal y controlan la tensión arterial. Eché un puñado de fideos y llamé a su casa. Me atendió una mujer que resultó ser su madre y después de presentarme le pregunté con mucha preocupación por qué su hija no se había presentado esa mañana a rendir el examen final. La angustia le transformó la voz, reduciéndola a un hilo tímido y lejano, lleno de dudas. Quedé en volver a llamar si tenía alguna novedad. Después de terminar el segundo plato de pasta me fui a dormir la siesta, estaba un poco tensionado. Soñé con una granja de cerdos. Soñé con la cuchilla precisa sobre la arteria y la sangre chorreando hasta el piso. Soñé con filas y filas de cerdos colgados de guinches de acero, con la cinta transportadora y con enormes máquinas de nombre estrafalario que terminan el trabajo que otros no se animan o ya se aburrieron de hacer.

Me levanté cuando el sol había caído. Había refrescado un poco, el calor se hacía tolerable y volví al baño dispuesto a todo. Miré dentro de la bañera, pero no vi el cadáver. La más linda de la clase, la más simpática, la que veía a través de mí como por una ventana abierta, la de la risa fácil y contagiosa, la de las notitas románticas entre las páginas de los libros, la del lunar en la frente, la única que conocía mi nombre, se apareció ante  mí en todo su esplendor y me estremeció. Lloré como no había llorado en años. Una hora después de mi llamado los forenses comenzaban con su trabajo mientras a mí me llevaban a declarar. Los titulares del día siguiente sólo hablaron de las altas temperaturas.

22 Respuestas a “* cerdos

  1. Me encantó. Por cierto, mi teoría es que el cadáver no desapareció. El ya no lo veía porque la imagen del recuerdo de la chica como la había conocido en vida le obnubiló.
    Saludos cordiales

    • Gracias Cristina, tengo que decir que después de tantas idas y vueltas al respecto, alguien por fin dió en el clavo con la resolución. Así es, esa fue la idea de la misteriosa desaparición. Gracias por leer!
      Buena suerte y más que suerte!

  2. A parte de estar de acuerdo con los comentarios anteriores, me ha parecido un relato que trata sobre la culpa. Un profesor que sale con uma alumna, que quiere romper con ella pero no puede. Una película paralela a unos hechos reales, resuelta con una muerte y el escándalo resultante, de allí el final donde no hay cadáver en la bañera pero sí donde persiste el castigo pedido a gritos.

    • Gracias Anne por tu comentario. El “castigo pedido a gritos” que mencionas fue parte importante del abordaje que hice mientras lo escribía. Gracia spor leer.
      Buena suerte y más que suerte!

  3. Me ha encantado el relato, el desarrollo engancha totalmente.
    Pero yo también me he perdido al final. Más que no entender, me da la impresión de que hay una conclusión lógica a la que se debe llegar por lo desprendido en la lectura que soy incapaz de ver.
    Si ella se ha golpeado pero no ha muerto, esperaría ver un indicio de las consecuencias de ser descubierto, por ella.
    Si el cadáver ha desaparecido sin más, me parece un engaño (ojo, no es que eso sea malo). Es como un truco de mago, un giro en la linea surrealista.
    Si como apuntan por arriba en los comentarios, él es incapaz de ver el cadáver, es un castigo para él. Además los forenses sí lo verían.
    ¿Es el no final un final abierto?

    • Jajaja, gracias Fanou por el comentario y todas las aristas que analizas! La verdad es que al principio me preocupé un poco al ver tanta confusión con este “no final”, pero luego me encantó tener tantas imaginaciones juntas trabajando para develarlo. Puede considerarse un final abierto si lo desean, no me gustaría explicarlo y quitarle encanto a todas sus suposiciones; lo que sí diré es que la racionalización de nuestro personaje muchas veces le deja ver con más claridad, y otras veces, con menos.
      Saludos!
      Buena suerte y más que suerte!

  4. Muy bueno el relato. Cuando me encuentro con cosas como esta, me gusta decir que tienen buen gancho. Y con eso me refiero a que uno se hunde en la lectura, es absorbente, no aburre en ningún momento.
    “Quieres saber que pasará al final, pero al mismo tiempo quieres que nunca termine”.
    Ahora, sobre lo escrito. Me gusta la idea del y como la vas llevando paso a paso. Pero me he hecho bola con el final.

    Saludos.

    • Gracias por el comentario David, me gustó el término abosrvente que me adjudicas. Por otro lado, respecto del final, “me he hecho bola” quiere decir que se hizo confuso y problemático? (no lo voy a explicar para no perder nada del relato, pero me gustaría saber tu opinión para tener en cuenta en futuros textos).
      Gracias una vez más!

      • exacto! a eso me refiero con “hacerse bola”. Y no, la idea no es que me lo expliques, perdería la gracia. pero no creo que sea cosa tuya, creo que es más bien problema del lector.

  5. Que bien desenvuelves en la presentación del desenlace. Me gusta sobre todo la referencia que hacer a que el instinto es lo contrario de la educación. Deseo mezclado con la frialdad de un cirujano. escalofriante. Yo creo que el cadaver sí estaba pero lel subidon de azucares de la pasta lo velaron.
    Un saludo

    • Me alegra que te haya gustado y causado escalofríos, jejeje. El tema del instinto y la educación es muy interesante y creo que da para un abordaje más extenso. Gracias por leer y por dejar tu opinión! Saludos!
      Buena suerte y más que suerte!

  6. Me ha gustado mucho la introducción. Ha ido preparandome para algo diferente pero en ciertomodo relacionado. La sorpresa, este factor que hace que sigas leyendo con los ojos más abiertos lo tienes muy conseguido. He estado esperando el desenlace que yo misma he creado.
    Muy bueno.
    Salut

    • Gracias Micromios, la intro es una de mis partes favoritas también. No sé que desenlace te habías creado, pero espero que este te haya gustado.
      Saludos!!

  7. Intenso y muy bien ligado, graficas con precisión la tensión de toda la escena. El final me dejó suspendida en una pregunta,pero supongo que es la intención.
    Nos leemos.
    Saludos,

  8. Pingback: Bitacoras.com

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