* los durmientes

Hoy volví a casa en tren. En la mitad del trayecto cerré los ojos y me puse a jugar, abriéndolos a intervalos irregulares y contemplando cómo el paisaje, dentro y fuera del vagón, cambiaba y se reconstruía constantemente. La gente aparecía y desaparecía, algunas personas eran reemplazadas por otras, a veces más bajas, a veces más gordas; los árboles viraban del ocre al naranja, y las esquinas pasaban de largo apenas perceptibles en la oscuridad que crecía y se adueñaba del escenario vespertino. Cada vez que cerraba y apretaba mis párpados para volver a comenzar con la transformación, sentía claramente el zumbido de los tubos fluorescentes que parpadeaban y teñian a los pasajeros con su luz mortecina, escuchaba los durmientes de madera quejarse y crujir a nuestro paso uniforme; y cada vez que los abría deseaba no volver a esa sofocante habitación de una sola silla y de un solo plato.

Una chica se detuvo brevemente frente a mí y me miró a los ojos, estuve a punto de sonreirle pero apartó la mirada y se mezcló entre la gente. Me sentí despreciado. Dejé correr esa sensación y me concentré en mis cosas. Pensé en Mora, mi compañera de trabajo, y en cuánto me gustaría acostarme con ella, aunque fuera bastante idiota; pensé en la vieja lisiada del segundo piso y en la mina nueva que se mudó hace poco, debería averiguar cómo se llama; pensé en la enorme cantidad de hierros y maderos que se necesitaron para construir un ferrocarril como este, pensé en lo genial que sería hacer un gol de cabeza en el picadito del domingo, y pensé en que otra vez no tenía nada para cenar. Volví a mirar el interior del vagón, el reflejo de los tubos me nubló la vista sin que pudiera distinguir más que siluetas sacudiéndose rítmicamente. Faltaba poco para llegar cuando en mi voluntaria ceguera me sentí como una presa indefensa e ignorante, observada con hambrienta atención. ¿Sería ella otra vez? Me hubiera gustado sonreirle a alguien hoy.

La de hoy será otra noche en silencio, tranquila, ausente, con sombras chinas en las paredes, con evangelistas sonando por lo bajo en la radio, otra noche a veinte metros de la esquina que las putas risueñas y escandalosas de Barracas eligen como oficina. Será otra noche de transpirar las sábanas dando vueltas y vueltas hasta dejarse vencer. ¿Cuántas noches, de esas noches húmedas y viscosas, te despertaste de un sueño terrible y sudoroso, acuciado hasta la desesperación por el rostro apenas distinguible de una mujer que diez años atrás jurabas irreemplazable, y de la que hoy ni siquiera recordás la inicial de su nombre? ¿Cuántas noches tuviste la amarga certeza de que cuando despertases al otro día, y salieras al balcón a regar las plantas, ni tus propios malvones te reconocerían?

8 Respuestas a “* los durmientes

    • Muchas gracias por la visita y por el amable comentario. Espero que encuentres mucho más por aquí que te guste.
      Saludos!
      Buena suerte y más que suerte!

  1. Viaje a ninguna parte o a todas, que los sueños nos llevan sin que podamos evitar el trayecto.
    Hermoso que le” hubiera gustado sonreirle a alguien hoy.”

    Malvones son las malvas (plantas)?
    Salut

    • Exactamente Micromios, los malvones son las plantas. La cita que te ha gustado también es una de mis favoritas dentro del texto. Saludos, y gracias por leer!

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