* estas pocas líneas

Querida Marta,

Después de tantos años me decido a escribirte en un arrebato de melancolía. No quiero incomodarte, no ignoro que nuestros caminos se fueron abriendo y tomamos sendas diferentes. Quizás te tome por sorpresa, te pido disculpas de antemano, aunque sé que es tarde. Escribo estas líneas desprolijas no con el anhelo de que las leas, mas sí como respuesta a la necesidad egoísta de compartir mis sentimientos. Ya me conocés, siempre fui igual, frontal y sin resquemores a expresar lo que pienso y siento. A esta altura de las cosas no tiene sentido camuflarse con vestidos de otros talles.

En mi ya maltratada memoria siguen vivos los momentos que compartimos y en los que fuimos tan felices. Creo que nunca podré olvidarte. ¿Cómo olvidar nuestros besos y caricias, nuestras charlas eternas y reconfortantes, el sonido pleno de amor de nuestras risas en el desayuno? No, Marta, esas cosas no pueden olvidarse por más que luchemos y luchemos como titanes para deshacernos de ellas. Uno no desecha la felicidad ni la alegría a voluntad, debe ser un principio de protección y supervivencia. Los primeros cigarrillos, las primeras noches fuera de casa, la adolescencia tierna que transitamos codo a codo aprendiendo a vivir. El temblor ingenuo de tus labios esa noche que te dije que te amaba y que siempre te amaría; la primera vez que nuestros cuerpos desnudos se rozaron e hicieron temblar al mundo entero; el sabor agridulce de tus pechos en flor, pequeños y firmes; tu mano en mi espalda mientras me bañabas cada tarde de domingo; los primeros descubrimientos y los primeros secretos. Eras todo para mí, y si bien no puedo mentirte hoy y decirte lo mismo que en aquellos días, puedo asegurarte que muchas noches amargas en las que no puedo dormir encuentro consuelo evocando tu imagen en la oscuridad, recordándote y recordándonos. No quiero importunarte más, no espero que me respondas esta carta, pero si es tu deseo lo tomaré con muchísima emoción. Solamente quiero decirte que esas escenas imborrables las llevaré por siempre en mi álbum de tesoros hasta el día de mi muerte, y que fuiste para mí el momento más intenso que jamás podré repetir pero que siempre llevaré grabado a fuego en la piel.

Tengo la final esperanza que sabrás comprenderme y que no te ofenderás con mi impertinencia epistolar, y que ojalá tal vez me recuerdes con el amor, el cariño y la gratitud con que yo te recuerdo.

Tuya siempre, Julia.

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9 Respuestas a “* estas pocas líneas

  1. Chino, sos un grande. No pude evitar pensar en un hombre y una mujer. Es muy condenado el momento en el uno descubre que sigue teniendo la cabeza tan quemada como antes. Gracias por el incentivo permanente!

    • Exactamente, un intento de elegante retirada (si es que eso existe) después de mucho tiempo. Creo que este tipo de sinceridad suele ser beneficioso para cerrar algunos capítulos. Gracias por leer! Saludos!

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