* malfatti 5

Créame, no fue fácil encauzar todo este asunto. La clandestinidad tiene sus pro y sus contra, existen vericuetos impensados en donde uno va cayendo y se las tiene que arreglar como puede. Lo primero y lo más importante que aprendí una vez que entré en este baile, es que está lleno de traidores. Tarde o temprano entran a tallar cuestiones inevitables como la envidia, la avaricia, el rencor, y esas cosas tan inherentes al ser humano. No es nada personal, simplemente gajes del oficio. Pero como reza el refrán que repetía todo el tiempo el Negro Soria, el que avisa no traiciona. Por eso con el correr del tiempo me fui haciendo cada vez más ducho para interpretar a la gente. Gestos, palabras, silencios, miradas, nada se me escapaba; de esta forma evité hacerme mala sangre cada vez que alguno se desbarrancaba y había que ponerlo en vereda.

Por suerte nosotros nos destacamos siempre por ser muy unidos. El espíritu de grupo se hace muy fuerte en este tipo de trabajo, cada uno acepta sus responsabilidades y se hace cargo de sus aciertos y errores para que la máquina siga andando como corresponde. Por ejemplo, ningún reproche ni ninguna palabra agraviante se le escuchó al Cholito cuando le rompimos las dos rodillas con un martillo por habernos querido madrugar con una mercadería recién salida del puerto. Se la bancó como un duque, lástima que la infección se lo llevó diez días después. Injusticias de la vida. En fin, por este tipo de organización y método de trabajo es que nos hicimos un lugar, un nombre; en esos tiempos todo era bastante improvisado y con esfuerzo nos fuimos ganando el respeto y la admiración, aunque también el temor, de nuestros pares y conocidos.

Usando la cabeza siempre se llega más lejos y más rápido que usando el corazón, suena duro e insensible, pero es así. Aunque muchas veces me tuve que morder los labios por la rabia contenida, mis decisiones se basaron siempre en la planificación, el análisis y el empirismo; si hubiera dejado entrar la duda en algún momento, no hubiera sido posible separar los negocios de los sentimientos. Créame, nada personal.

* continuará

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