* malfatti 4

Como venía contando, conocí a Mario y a Raquel al poco tiempo que empezamos con nuestro negocio. Raquel era un año mayor que yo, y era hermosa. Perdón, me adelanté un poco. Los héroes, me dijo mi abuelo varias veces, aleccionándome solapadamente, son personas predestinadas al fracaso; el derrotero o la acción superlativa que los convierte en tal, en algo admirable para el resto de la gente, no es otra cosa que su destino mismo, y salvando contados casos, siempre conduce a la desgracia.

Mario y Raquel fueron nuestros héroes. Se habían ganado el apodo de “Los Ravioles” en una de nuestras primeras travesías, la noche que se nos ocurrió incursionar en el arte culinario y reventamos magistralmente “La Especialista”, la fábrica de pastas a dos cuadras de casa. Mario era un tipo de primera, racional, detallista y con una eficacia que asustaba, pero el pobre santo era demasiado sensible para estas cosas. Yo no lo llamaría de ningún modo blandito, porque era un guapo en serio, de los de antes, pero nunca pudo zafar de la culpa y el remordimiento, sumándole también que estaba todo el tiempo pendiente de Raquel y eso lo hacía perder un poco el foco del asunto, cosa que más adelante nos complicaría bastante. Raquelita, por el contrario, era la mina más visceral e impulsiva que conocí en toda mi vida. Era hermosa, no sé si les dije, y sólo tenía ojos para Mario, su amor de siempre. Operativamente era brillante, pero cuando le hervía la sangre era un caballo desbocado, cosa que también nos traería complicaciones posteriores.

Y en el medio de todo estaba yo, tratando de comandar con pulso firme a “La Violeta”, como algunos matutinos empezaron a llamar un tiempo después a nuestra sociedad, buscando el equilibrio justo entre el esfuerzo, el disfrute, el peligro, y el amor. Reflexioné mucho acerca de si el crimen pagaba o no pagaba. Me pasé tardes enteras leyendo la fija mientras evaluaba la conveniencia de tener una vida sacrificada y corriente, o una completamente diferente moldeada por mis propias ambiciones. No necesité ser por demás avispado para entender la situación, así que me aparté por completo de la senda trágica del héroe para forjar mi vida sobre el empedrado traicionero del delito. Gracias Nono.

*continuará

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3 Respuestas a “* malfatti 4

    • muchas gracias otra vez, esta es una de las historias que más disfruto escribir, y me pone contento que a ustedes les guste leerlas. saludos micro!

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