* perros

Vivi era una bomba, y no era mía. Se retorcía y ondulaba casi desnuda sobre la lentitud hipnótica de Tom Waits en “Clap Hands”, era la yegua azabache de mis pesadillas cabalgando furiosa para matarme. Acariciaba el piso con los pies desnudos y movía el culo redondo con talento soberano; cada tanto se frotaba las tetas enormes y danzantes con ambas manos, me clavaba la mirada y dejaba escapar los pezones de chocolate que me apuntaban entre anillos de plata. Todavía tenía restos de coca en la nariz y yo andaba por el segundo Jack para volver. Yegua de mierda, pensé mil veces, exhalando el humo entredientes. No sabía que quería más, si besarla, abrazarla, morderla, o cagarla a trompadas. Cogimos.

La siesta post polvo fue un remanso en la locura. La figurita difícil e imposible de varios muchos reptaba junto a mí en la cama alborotada, pero el imbécil que yo era se perdía en oscuras cavilaciones sin disfrutar ese momento, sin merecerlo. El por qué nos abandonamos así, flotando en la nada babosa de la indiferencia; destructivos, egoístas; vacíos de recuerdos, de soledad, de sentimientos; sin freno en el engranaje de desear, amar, sufrir, matar; era para mí un misterio que no me interesaba resolver. Nadábamos en la tormenta, en remolinos, sin sentido; indefensos e inútiles en la caída. Aterrados y malolientes, sin dueños y sin opción.

Me levanté y atravesé el vaho de la habitación hasta llegar a la cocina, después fui hasta el baño, después hasta el living. No había nada que hacer. Volví. Vivi seguía desmayada entre las sábanas manchadas, impune. Me quería ir a la mierda, pero era mi casa. Me acerqué y la miré una vez más; boca abajo y con la melena desparramada sobre el maquillaje corrido, era aún más irresistible. Corrí la poca sábana que me separaba del deseo, con dos dedos gentiles aparté la tanga minúscula de la piel rosada, y con más amor que desenfreno me monté sobre ella. El cuerpo de la mujer que me hacía volar me recibió como siempre, sin dolor, sin reproches y sin preguntas, mientras febrero nos regalaba una tibia tarde de garúa y sol.

5 Respuestas a “* perros

  1. intenso, como tom waits, inesperado final tierno (!), qué boludos cómo cavilan uds, eh? hermosa pintura de una secuencia: la mina ajena y enloquecedora, el sexo, la cabeza arruinando un poco la cosa, la nada y después el amor. abrazo!

  2. Malo perder algo que no es de uno. Bueno que el tipo (al parecer bastante tiempo después) se diera cuenta de que había sido un idiota cavilador. Habíamos muchos de esos.

    Tom waits+perra+garúa+siesta debe ser lo más groso después del cucurucho de dulce de leche.

    • Y cada día somos más los arrepentidos de cavilar tanto, Blopas. Me quedé pensando y el cucurucho puede tranquilamente ingresar en la ecuación, haciéndola superlativa.

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