* traetormentas 3

Dentro del destacamento la humedad se sentía en los huesos y en el olor de la madera. Los dos mostradores estaban allí desde quién sabe cuánto tiempo, y habían sabido acodar alcahuetes, escabios, tahures y malandrines. Sobre el más grande, tal vez quebracho, descansaban dos pilitas de papeles amarillentos, sujetos con un pisapapeles de hierro, un velador con la pantalla rajada y un calentador a kerosenne. Sobre el otro, se enfriaba un mate.

Los declarantes esperaban sentados en los bancos largos y verdes de la sala de espera, que no era otra cosa que el pasillo de entrada. Se habían acercado voluntariamente, para cumplir con su deber civil; en De la Garma uno se muere de viejo, arrastrado por el mar o en algún accidente estúpido, más nunca fileteado gratuitamente, así que esta cuestión se tenía que aclarar.

Las teclas de la Olivetti repiqueteaban incesantes pero arrítmicas desde la oficina del principal. Adentro, Rogelio Escobar prestaba declaración.

– Seguro que fuiste vos, Rogelio – arrancó el principal Sarachaga. – ¿No cierto, Ramirez?

– Sí, mi principal –

– Pero no, Albertito, dejate de joder…- risueño, Escobar dejaba ver los espacios vacíos en su sonrisa ladeada.

De la Garma es casi un pueblo. Casi nada. Nada más que un caserío con muelle. Sin muelle no habría caserío, y sin caserío no habría De la Garma. Apacible y ameno, monótono y predecible, cálido y resignado. De la casa al trabajo y del trabajo a la casa.  Eso sí, veredas bien limpias. A ninguno le gusta su propia mugre, y menos que los demás la vean. Fue por eso que lo primero que se construyó fue la capilla. No es bueno para un pueblo no tener dónde lavarse el alma y la conciencia, aunque sea por un rato.

En alguna esquina cualquiera, con veredas hartas de ser barridas, un puñado de viejas comadronas cuchichean acerca de las desgracias de la mañana.

– Un desastre, eso es…-

– Yo ya sabía que esto iba a pasar. Habrá que acomodarse y aguantar…-

– Y el muerto…-

– Si, el muerto…Hay que cuidar a Merceditas. –

Todas se miran en silencio y preocupadas.

– Yo sabía que esto iba a pasar…Seguro…-

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