* carta jamás escrita y nunca enviada

Sucede que quiero (o debo, o prometí, o todas esas cosas juntas) escribirte una carta. Sucede también que no tengo la menor idea de qué escribirte. Es una sorpresa. No para vos, para mí. Sorpresa porque en general se me da bastante bien esto de batallar con las palabras, con las formas, con el signo, el significante y el significado. O quizás sólo sea una ilusión mía y en realidad no se me da tan bien como creo; como sea, esta carta que no tiene sentido ni razón sigue su curso y ya contiene varias líneas. ¿Qué será eso? ¿Qué querré decir con “varias líneas”? ¿Qué estarás entendiendo llegado este punto en el cual el párrafo se acaba y todavía no dije absolutamente nada? ¿Seguirás leyendo o este papel apenas amarillento (hace mucho tiempo que no escribía cartas) terminará en el tacho de la basura, hecho un bollo, rodeado de cáscaras de fruta y montoncitos de yerba? Creo que me da igual, me doy por satisfecho con que hayas leído esta primera parte delirante y descontrolada, con eso está bien.

Mentira, no me da igual, acabo de pensarlo mejor. No me da igual porque siento que el ritmo va creciendo y de a poco voy encontrando las palabras, el sentido, el cuerpo principal, el alma de esta carta tan tonta y desprolija, pero dame un poquito de tiempo para organizarme. Mientras, hablemos de otra cosa, en algún momento algo de todo este palabrerío cobrará sentido. Espero que no seas impaciente, o no demasiado al menos, pero calculo que si llegaste hasta acá debe ser porque este engaño sintáctico y gramatical con forma de carta espontánea y prometida está funcionando. Y con eso no quiero decir que te esté engañando, bueno, no deliberadamente, no hay en mí ningún tipo de alevosía, simplemente un fluir de tinta negra que pretende contarle algo. Algo. ¿Algo? ¿Qué es algo? Qué término tan vago. El eufemismo por antonomasia. Y aquí se fue el segundo párrafo, disputando mano a mano con el anterior el primer puesto en incoherencia.

Confieso que no me tenía ninguna fe, apostaba más por el fracaso rápido y rotundo a la tercer o cuarta palabra. Sin embargo la cosa marcha. Y si la cosa funciona, no es mi intención entrometerme. Que fluya. Así debería ser todo. Que todo fluya. Como el agua de los bebederos de las plazas, ¿te acordás?. Saltos de agua fresca que entre juego y juego, entre aventura y aventura, nos daban pausa y regocijo para después seguir con lo nuestro hasta que se hiciera la hora de volver a casa. Me encantaba correr hasta el bebedero, agitado, con la cara roja y las manos llenas de tierra y arena, y ponerme a tomar agua del chorrito sacando la lengua como los perros. Lo único importante era el deseo, el hacer, hacer, hacer y listo, que siga saliendo agua, que la cosa siga funcionando, que pueda seguir recurriendo a esa fuente cada vez que quiera refrescarme. En este tercer párrafo las ideas me capturaron y me torcieron el brazo, fueron mucho más rápidas que las palabras; sin embargo no voy a borrar ni a re-escribir (tal vez alguna tachadura), porque estoy convencido de que voy por buen camino, dame más tiempo. Lo que sí me alegra es haber podido incorporar “regocijo” en medio del texto sin desentonar (aunque claro, ahora que te lo dije, seguramente vas a retroceder para encontrarla y sonreír, está bien, no me molesta, establezcamos “regocijo” como nuestra palabra clave, el chiste interno, el código secreto…dale, buscala que está acá nomás, cerca del bebedero).

Pienso en esos bebederos, y en el patio del colegio con esos baldosones enormes que me parecían obra de una arquitectura superior, pienso en una calle dormida a la hora de la siesta y en mí, sentado en el umbral de la casa de mi abuela mirando el vapor que se forma sobre el pavimento de la calle, deformando las siluetas de los árboles a la distancia, pienso en que más de treinta años me separan de todo eso, y me parece absurdo. Los recuerdos son, para mí, bolitas de mercurio que corren como locas buscándose unas a otras para unirse, para completarse, para fundirse en un todo del que se saben partes necesarias e ineludibles, un todo brillante y hermoso, la reconstrucción de un hombre a través de la memoria, de toda la memoria, de absolutamente todo lo que ha vivido y recorrido. En determinado momento las bolitas de mercurio confluyen todas a la vez y nos rearman, y nos conmueven, y recordamos algo tan nítidamente que nos ponemos a llorar (un bebedero, una baldosa, un caramelo), pero como buenos adultos descontrolados, no podemos evitar explotar y es entonces cuando las bolitas salen desperdigadas otra vez y se pierden y se angustian y vuelven a comenzar con su carrera loca y magnética, y se van juntando, hasta que vuelven a estar todas, y otra vez aparece el todo que se transforma en un destello catártico, igualito al brillo que me apareció en los ojos cuando decidí cumplir mi promesa de escribirte una carta tonta e irresponsable.

Arranco con el último párrafo. Seguramente muchas cosas van a quedar afuera, y otras quedaran en un limbo que desconocemos. A esta altura puedo permitirme ciertos excesos literarios y algunas dispersiones filosóficas, pero es claro que no sabría cómo aprovecharlos. Me apena haber perdido un poco de envión y llegar con poca fuerza e inventiva a este lugar. ¿Este lugar? ¿Dónde estamos? ¿Qué lugar? ¿Por qué asumo que estamos en el mismo lugar? ¿Será posible que tiempo y espacio se doblen como los pliegues de esta hoja amarillenta, y que mientras vos leas lo que yo escribí hace rato, yo vuelva a aparecer ahí, en el mismo centro del intercambio? ¿Será posible que mientras vos pases la vista veloz por sobre las letras negras mi pensamiento vuelva a ejecutarse en ese instante como si fuera la primera vez? Desconozco las respuestas. Desconozco si leés rápido o lento. No sé cuántas de azúcar le pones al café. Lo que sí sé es que había prometido (o tuve ganas, o tal vez me lo hayas pedido) escribirte una carta, y esto que ahora se termina, porque todo tiene que terminar, es la mejor excusa que puedo presentar.

***

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22 Respuestas a “* carta jamás escrita y nunca enviada

  1. Como siempre es un placer leer lo que escribís, es un gusto ver como en esta carta sin sentido vas descubriendo tus emociones que te hacen volver a tu infancia, me encanta como vas hilando las palabras que sin decir nada en concreto, transmiten tus sentimientos al destinatario/a de esta carta, excelente besos

    • Gracias, Ana. El sentido siempre lo encontramos al final, cuando podemos ver la película completa y no sólo un fotograma. : ) Buena suerte y más que suerte!

  2. MX:

    Escribir cartas que nos veníamos callando de tiempo atrás resulta muy liberador y no es fácil, pero es necesario para dejar atrás las cosas que cargamos. Muy buen escrito.

    Un abrazo

    • Muchas gracias, A.B, es muy cierto que las cartas funcionan como elementos catárticos. Luego, el dilema es el envío, pero si superamos ese borde filoso de la represión, todo saldrá como tenga que salir. Buena suerte y más que suerte!

  3. ¡Aaahhh, cómo me gustó! ¿Cómo me gustó? Muchísimo. Esta carta que mereció ser escrita, merece ser enviada. Escriba y mande, sería una picardía, sino.

    • Gi, me alegra que te haya gustado tanto así. El tema con estas cosas es que el Correo tiene un servicio que deja mucho que desear, mirá si termina en cualuier destinatario! No, un despropósito!

  4. Escribir cartas es algo que se me ha dado fatal por esto admiro cualquier iniciativa y en este caso por partida doble.
    Salut
    PD.Si “Un soneto para Violante” de Lope de Vega se pudiera poner en prosa creo que esta carta seria lo más parecido.

    • Hola Carme! Hacía tiempo que no escribía cartas, tal vez muchísimo tiempo en realidad. Y como siempre, esas cartas siempre eran de amor, malo, bueno, no correspondido, sincero, falaz…pero amor al fin. Esta vez no es una carta de amor, pero casi, porque creo que de amor podemos llenar páginas y páginas sin repetirnos, ya que todo depende de la intención del mensaje. Vayan, pues, como mensajes de amor para los lectores, las pocas bolitas de mercurio que puedo regalarles… Buena suerte y más que suerte!

  5. “En determinado momento las bolitas de mercurio confluyen todas a la vez y nos rearman, y nos conmueven, y recordamos algo tan nítidamente que nos ponemos a llorar”…..,sí, me pongo a llorar (no literal, pero figurativamente) y en ese intento, junto, a la fuerza, todo nuevamente y me quedan los recuerdos delirantes y los trazos firmes de un tiempo en que, tal como ahora, me sorprendían tus palabras.
    Un abrazo y gracias por eso y por el buen rato, y el caldo de cabeza que me dejó tu lectura, no faltaba más :)

    • Chrieseli! Qué alegría tu pasaje y tu comentario! Que los buenos tiempos vuelvan, o que seamos capaces de rescatarlos a voluntad, y que todas esas bolitas de mercurio nos encuentren con una sonrisa en la cara. Espero verte seguido, y leerte, tanto aquí como en tu propia casa. Un abrazo grande desde este lado de la cordillera!

  6. No tomo café.

    No importa. Lo que importa sigue siendo lo otro.

    Lo otro.

    Ese tiempo que acompaña charlas que a su vez acompañamos con café o batido de frutillas y naranjas.

    Y que une todo aquello que parece no tener punto en común.

    Y que nos hace bien. O mal. Pero que nos deja algo. ¿Que es algo? Bla bla bla.

    Gracias, Max :)

    • En realidad, Andrea, creo que nada importa. O sí. Bueno, no me decido. En cuanto a lo otro, tampoco podría definirlo…qué barbaridad! Gracias por leer y comentar! Buena suerte y más que suerte (sin alarma)!

  7. Me gusto tu carta. Te diré que yo leo bastante lento, sobretodo esta letra tan pequeña en una pantalla. Cada día me sorprenden son la imaginación para escribir sobre cualquier tema, incluso el del propio escribir. Un saludo

    • Concha, a veces es mejor tomarse el tiempo necesario para leer y evitar así que las letritas se atropellen entre ellas, generando contrasentidos, choques, bocinazos y demás cosas engorrrosas. :) Gracias por leer! Salú!

  8. Todos somos eso: una carta que vamos escribiendo a medida que dejamos que las cosas fluyan. Y entre punto y aparte, borrones y conceptos que se entremezclan somos un fluir de la conciencia.
    Somos ruido, furia, silencio, miedo, paz, tinta negra… Somos una carta nunca leída, somos una carta nunca entregada. Somos esa carta que se mancha con yerba y restos de la cena de anoche y somos esa carta que se guarda junto con el mechón del primer rizo del hijo.
    Somos todo y nada…

    Somos esa carta que se va haciendo sola… Y que sólo muy pocos, como vos, se atreven a compartir.

    • Gracias por tan grossas palabras, Nancy, de verdad. Yo no sé que somos todos, es indefinible, asumo que debe haber un denominador común (estoy muy convencido de ello) que en determinados momentos nos convierte también en bolitas de mercurio… Es la mejor explicación que encuentro, y por ahora me sirve, porque además de ser un poco tonta, es bastante simple. :) Gracias por leer! Buena suerte y más que suerte!

    • José, creo que esas cartas son las mejores porque no pasan por el filtro de la censura que le ponemos a las que sí se escriben, a las que sí se envían y a las que no quemamos. Pero también creo que de a poco estamos perdiendo el miedo a enfrentarnos a nuestros propios pensamientos escritos, y eso es muy bueno. De hecho, este texto es un poco (bastante) eso mismo, pensamientos, recortes de conversaciones con gente interesante, anotaciones, reflexiones sobre opiniones ajenas, etc… bolitas de mercurio que corrieron a juntarse y conformaron esta humilde, tonta y desordenada carta. Gracias por leer! Buena suerte y más que suerte!

  9. qué guacho. y así (en esta exclamación sin signos de exclamación), dejo huella de mi admiración y mi envidia, porqué no, cuando te leo tan conciso y universal.
    salut.

    • Conciso y universal son mi tercer y cuarto nombre. Gracias por leer! Salú! (y la admiaración va y viene, lo importante es la tarasca, o el mercurio…)

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